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El Rabanito, el bar-biblioteca de Guadalcacín recupera sus libros, pero no sus electrodomésticos

El negocio hostelero se repone de los destrozos del temporal del pasado mes de octubre gracias a "tres pilares fundamentales: la familia, los proveedores y los clientes"

Manolo Romero, del bar Rabanito, con la estantería de libros al fondo.
Manolo Romero, del bar Rabanito, con la estantería de libros al fondo. JUAN CARLOS TORO
13 de febrero de 2025 a las 21:05h

"La cultura puede más que el dinero", resume Manolo Romero, un hostelero que bien podría ser librero. En la práctica, su bar ejerce también como si de una especie de biblioteca municipal se tratara. El intercambio de libros es constante. Cuando alguien muestra interés, le presta alguno, que devuelve cuando se ha leído. 

Desde que se hizo cargo del bar Rabanito, situado en la calle Tomasa Pinilla de Guadalcacín —a principios de los años 90— junto a su mujer, Auxiliadora Romero, los libros han acompañado a las bebidas y las tapas que han servido desde detrás de la barra. Una esquina del negocio siempre ha tenido una estantería con libros.

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Manolo Romero y Auxiliadora Romero, dueños del bar Rabanito.  JUAN CARLOS TORO

Por eso, cuando la dana provocó graves destrozos en su bar, sintió especialmente la pérdida de los libros que fue acumulando con el paso de los años. En torno a unos 1.000, que se mojaron y quedaron inservibles. Gracias a Juan Manuel Navarro Zayas, Mangüe, entrenador de la escuelita de fútbol de Guadalcacín, rehizo su biblioteca, por las donaciones de libros de pequeños que le llevaron todo tipo de títulos.

De una edición infantil de El Quijote —su libro favorito, "todos los días leo unas páginas"—, a una enciclopedia, clásicos de Vargas Llosa o García Márquez, novelas de Santiago Posteguillo o Dolores Redondo... y un sinfín de títulos. Más de 400 tiene ya en una estantería situada en la terraza del bar Rabanito, que aspira a seguir ampliando conforme le sigan donando.

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Su fiel clientela, consciente de su amor por la literatura, le quiso dar una alegría a Lolo, como lo conocen en Guadalcacín. La sorpresa fue mayúscula la tarde en que decenas de niños entraron en su bar con bolsas en las manos, cargados con cientos de libros. "A mí se me quedó grabada una frase de un niño, que dijo que no traía libro, pero sí un puzle suyo", comenta Auxiliadora, emocionada.

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Lolo, colocando un libro en la estantería del bar.   JUAN CARLOS TORO

"Abrimos gracias a tres pilares fundamentales: la familia, los proveedores y los clientes", resume Manolo Romero, que al día siguiente del paso de la dana tenía a un batallón de limpieza listo para entrar en su bar. Más de una treintena de amigos los ayudaron a limpiar el barro, incrustado en todos los rincones del negocio. La familia, por supuesto, los apoyó —"animaron y limpiaron"—, y también proveedores.

Durante los tres primeros días tras la reapertura, no tuvieron que comprar nada. Los proveedores, ya amigos de tantos años, les regalaron cerveza, café... Otros conocidos les prestaron electrodomésticos. Una vajilla. En definitiva, todo lo necesario para prestar servicio.

Gracias a esta red solidaria, retomaron la actividad. Pero más de tres meses después de la dana, siguen esperando cobrar la indemnización. Por encima, calcula que los destrozos están valorados en unos 9.000 euros. Sin contar con la mano de obra de los particulares operarios de limpieza que los ayudaron. De ahí que pronuncie la frase con la que empieza el texto. 

"Pudimos arrancar porque teníamos a 30 familiares y amigos deseando ayudar", recuerda Lolo, al que su clientela esperaba con ganas. Nada más abrir las puertas, tenía el bar prácticamente lleno. Recogiendo lo sembrado durante tantos años. El Rabanito, no obstante, abrió en 1960, como reza en el cartel que hay sobre la puerta principal. "Fue la primera casa de esta zona de Guadalcacín", apostilla su dueño. 

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Auxiliadora, mostrando el momento en el que niños donaron libros al bar.   JUAN CARLOS TORO

El inmueble que alberga el bar, y la vivienda de Manolo y Auxiliadora, fue la primera construcción de una barriada que con el paso de los años se fue poblando de casas y más vecinos, y que debe su nombre, precisamente, a este negocio hostelero.

Auxiliadora y Manolo han vivido tres inundaciones durante el tiempo que llevan al frente del bar, aunque la última, provocada por la dana de octubre, fue la peor. Se quedaron sin neveras, arcones, hornos, refrigeradores... y sin libros. Lo último lo han recuperado. El resto, esperan que más pronto que tarde. 

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Francisco Romero

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