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Acostumbrado como librero a recomendar y ofrecer las letras de otros, José Moreno (Cádiz, 1981) se ve en la particular situación de comentar las propias. Ya había debutado en solitario como escritor de relatos con Los nadadores de plomo (editorial Titanium, 2019) y participó en antologías de relatos como Calle del aire nº2 (Renacimiento).
Ahora, en plena hemorragia de publicación ubicua y diaria, se estrena en una nueva situación, la del escritor que vende mucho más de lo que cabía esperar entre tan desorbitada competencia, el que se convierte en una especie de pequeño best-seller a escala regional, cuando ni siquiera lo esperaba.
Desde su tienda de ropa, vinilos y libros (La Cápsula, calle José del Toro de Cádiz), trata de analizar una sorpresa que, como algunos giros de novela o cuento, nadie vio venir. Agotó la primera edición de Gagarin o la triste certeza de viajar solo (La Navaja Suiza) en apenas 24 horas y la segunda acaba de llegar a las estanterías.
Casi dos millares de ejemplares han podido cambiar de manos en menos de un mes. No suele suceder más que con las grandes firmas nacionales que son esperadas por millares de lectores. Algo parecido, a pequeña escala, le sucede a un desconocido desde la periferia.
"Ha sido impactante, chocante. Un crítico, Alberto Olmos, publicó una reseña muy positiva en un medio nacional, El Confidencial. Al día siguiente, Gagarin estaba en segundo lugar en la lista de más vendidos de Amazon en España, en la categoría de ficción. Así empezó una bola de nieve. Luego, otra columna en The Objective, y un efecto parecido...".
Como buen conocedor del negocio librero, como gran lector y temeroso escritor vocacional, tampoco se deja llevar por ninguna euforia: "Es algo que no he visto venir, pero tampoco supone más que unos días de alegría para ti y para los tuyos, que te lean".
"Compañeros con librerías en Almería o Granada me han llamado para preguntarme qué pasaba, por qué les pedían mi libro", sonríe con una proverbial timidez. El origen de la edición de su libro de cuentos auguraba un camino mucho más difícil, el más frecuente.
"Di por perdida la publicación. Mandaba el texto a muchas editoriales y, como es habitual, ni contestaban en la mayoría de los casos. Insistí con La Navaja Suiza, esta editorial de Madrid, porque me gusta mucho qué publicaban y cómo lo publica, conocía su catálogo por la librería que tengo y me interesan mucho los autores que edita".
José Moreno y su Gagarin se marcaron un plazo de tres meses para darse por vencidos. Apenas recibía un "gracias" como respuesta en el mejor de los casos. Sin embargo, "un domingo por la tarde me contestaron de esa editorial que lo ha publicado. Que quizás les interesaba".
De forma ya sorprendente, La Navaja Suiza "se planteaba la publicación. Me avisaron de que lo decidían definitivamente al lunes siguiente en una reunión. Así fue, a las 24 horas decidieron que sí".
Así se produjo el lanzamiento de este libro con título de astronauta soviético que ha despegado con fuerza inusual. Las presentaciones pueden darle aún más vuelo. Este viernes, 8 de noviembre, llegaba la primera en Almería. Luego, Madrid (11 de noviembre), Granada (15 de noviembre), Cádiz (16 de noviembre) y Sevilla (20 de noviembre).
En esos encuentros con el autor, más lectores podrán acercarse a este libro que reúne diez cuentos cortos. Todos tienen un hilo común, cierta desazón de los protagonistas, una tenue necesidad de huir, algo parecido a la soledad. "Los escribí en un momento personal complicado y puede que algo de eso se haya contagiado, aunque no hay nada autobiográfico".
Esa distancia personal de los relatos aparece voluntariamente incrementada por el hecho de que tengan un cierto toque de misterio. En casi todos hay un leve elemento de suspense, una duda que resolver en su transcurso.
Con esa misma intención de fabular y diferenciar, todos los cuentos están ambientados en Estados Unidos (uno de ellos en Newcastle, Inglaterra), con nombres en inglés y muchas referencias a una cultura pop que igual deja caer el nombre de un equipo de la NBA, una banda de rock, un mítico futbolista o una canción memorable.
El lenguaje empleado es, de forma premeditada, accesible. "Hace unos años escribía de forma más complicada, más retorcida, con frases muy largas, muchas subordinadas. Me gustaba acercarme a autores que me gustan muchísimo y que a veces lo hacen así, como Manuel Rivas, por citar a uno de muchos, pero amigos y familiares me hicieron ver que les costaba meterse en esos textos".
Ahora, con frases más cortas y directas, con descripciones firmes, publica estos diez cuentos, un formato que siempre le ha gustado y que también pretende acercar al lector: "En estos tiempos, todos tenemos cada vez menos huecos para leer, para el ocio, quería ponerlo más sencillo, no complicarle la lectura a los que se interesen, tanto con el lenguaje como en el formato".
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