Andrea Gálvez Palomino tiene, a sus 16 años, un gran porvenir por delante para llegar a ser futbolista profesional. Formada en la AD Marianistas de Jerez, comenzó a destacar entre niños hasta que le han dado la oportunidad de demostrar su nivel en un club de primer nivel como es el Sevilla. Ya ha debutado en la máxima categoría y ha sido convocada por la selección española sub-17.
Tiene ficha con el Sevilla B, pero ha debutado con el primer equipo en un partido contra el Deportivo. Un sueño hecho realidad que puede ser únicamente el primer paso de una carrera muy importante. "Somos unas cuantas compañeras las que estamos en dinámica del primer equipo. Desde fuera se verá distinto, pero para mí y para muchas otras es algo muy especial. Muchas niñas de mi edad querrían tener esa oportunidad", explica la jerezana a lavozdelsur.es.

Cuando juega con su equipo lo hace en Tercera RFEF y si es reclamada por el primer equipo sevillista, en la Liga F, donde todo es diferente: "El ritmo, la intensidad... hay muchas cosas que cambian y ya no solo en los partidos, sino también en los entrenamientos. Cada entreno y cada convocatoria los vivo como si fuesen un partido".
No llegaba a los 10 años cuando Andrea empezó a jugar al fútbol. Fue en las instalaciones del colegio El Pilar de Jerez y no se le olvida: "Yo tendría ocho o nueve años. Fue una tarde en la que mi hermano también jugaba en los Marianistas y yo me puse a jugar allí. El coordinador me ofreció entrenar y yo se lo conté a mis padres. Desde siempre me ha gustado mucho la pelota, empecé a entrenar y desde ahí ni siquiera pasé por escuelita. Me hicieron ficha, empecé a jugar con niños y me sentía muy cómoda. Siempre estuve muy arropada por los niños, que al final siempre han sido mis amigos porque yo también pertenecía al colegio Marianista".
Los que la veían jugar desde bien pequeña llegaban a la conclusión de que era quien más destacaba en un buen equipo donde era la única niña. Disputó sus primeras Olimpiadas Marianistas un año antes de lo que correspondía porque su nivel le llevaba a ir por delante de lo normal. "Me decían que destacaba mucho, pero yo tampoco le daba mucha importancia a eso. Yo no me quitaba, siempre daba lo que podía y es verdad que me sentía muy bien".

Andrea juega de lateral o de central. Su entrada en el mundo del fútbol fue con toda naturalidad y en este momento, después de haber jugado en la Primera División y habiendo sido llamada por la seleccíón española de su edad, echa la vista atrás y se siente orgullosa. "No imaginaba llegar donde estoy ahora mismo, no me lo creo. Valoro mucho todo lo que tengo. A partir de juveniles ya no podía jugar con niños y en mi último año de alevines me llamó el Cádiz. Yo quería quedarme en los Marianistas porque me sentía muy bien, tenía mis amigos, los entrenadores confiaban en mí... yo estaba super a gusto ahí. Pero vi que tenía que dar paso porque ya tenía que jugar con niñas".
Había salido de su club de toda la vida y desde el Cádiz ya empezó a acercarse a una posibilidad real de ser futbolista profesional. "Me metí en el Cádiz y fui avanzando hasta que David Losada, que era entrenador del equipo cadete del Sevilla, me hizo saber que estaba pendiente de mí porque jugábamos en la misma liga. Me decía que me fuera al Sevilla, mostraba una gran confianza en mí. Me fui último año de cadete al Sevilla porque entendí que los trenes pasan una vez y tenía que aprovechar la oportunidad porque no sabía cuándo iba a aparecer otra vez".

No se podía imaginar en ese momento que iba a estar tan cerca de la élite. Todo llegó inesperadamente rápido. "Es mi segunda temporada en Sevilla y me han dado todo a pesar de estar tan poco tiempo. Me sentí superfeliz, yo llegué a cadete, lo jugaba todo, confiaban en mí y David Losada me dijo que iba a tener la oportunidad de entrenar con el filial y con el primer equipo. En el parón de Semana Santa me llamaron por primera vez para entrenar con el primer equipo y fui corriendo a contárselo a mis padres porque no me lo podía creer".
Hasta llegar ahí el papel de los padres de Andrea fue el de hacer un gran sacrificio por el bien de su hija. Desplazamientos a Sevilla sin la seguridad de lo que podría venir después. "Cuando me llamaron el primer año cadete, yo iba y venía tres días a la semana en furgoneta o con mis padres. Yo me lo pensé mucho porque era un sacrificio para ellos. Me echaba para atrás por mis padres, pero se lo expliqué a ellos para que entendiesen cómo me podía sentir por ellos. Pero al final ellos confían en mí, me quieren ver ahí y hacen lo que sea por verme feliz. Y así fue. Cuando acabó ese año el Sevilla me propuso estar en un piso y ponerme en un colegio. Se lo dije a mis padres y me dijeron que les parecía bien, pero que supiese dónde iba a estar. Por suerte estoy cerca, a una hora en tren. El Sevilla me ha dado todas las condiciones perfectas: comida, piso, colegio... Lo que más pena me dio fue separarme de mi colegio, porque al final llevo ahí desde los tres años, desde que entré en infantil. Pero bueno, al final para avanzar tenía que dar ese paso hacia adelante".
Ahora vive en Sevilla por el fútbol, pero los estudios son una prioridad para Andrea y el propio club está muy pendiente de eso: "Aquí nos piden las notas, nos preguntan cómo vamos. Al final nadie sabe si vamos a comer del fútbol o no, y a esta edad menos aún. Entonces lo más importante, siempre lo dicen mis padres, son los estudios, que van por delante de todo". La futbolista de Jerez empieza a pensar que tiene serias opciones de dedicarse a lo que más le gusta. "No quiero decirlo muy alto, pero ojalá que sí porque al final es lo único que tengo en mente".

Para colmo, la selección española sub-17 también cuenta con ella. Ya fue llamada por primera vez en septiembre después de haber estado en varias prelistas. Acaba de llegar de los Países Bajo de vivir una experiencia inolvidable para una niña de su edad: "La primera vez que fui con la selección fue en un partido contra Inglaterra, un amistoso, y desde ahí me han seguido llamando. Fui a la primera ronda del Europeo y me siguieron llamando también para esta preparación. Esta última convocatoria para la preparación de la segunda ronda ha sido en Ámsterdam y también me llamaron para jugar un partido contra Países Bajos".
"Al final todo está en mis manos. Es que si yo no rindo en el campo ni lo demuestro, las cosas no caen del cielo. Siempre me lo dicen los entrenadores, que yo estoy donde estoy porque me lo he ganado. Soy consciente que todo está en mis manos y que si quiero seguir aquí es por rendimiento", señala.
Andrea ha llegado al máximo nivel con la esperanza de quedarse y espera disfrutar de la explosión del fútbol femenino español en primera persona: "Ahora hay muchos ojos en el fútbol femenino, no como antes. Por eso yo en cada partido y en cada entrenamiento sé que tengo que dar el ciento por ciento".