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El legado del maestro que marcó la vida de tantos en las aulas y los campos de fútbol de Carmona

Cada tarde, el Estadio Municipal 'Pepe Olías' se llena de vida con los gritos y carreras de los cientos de niños que encuentran en el fútbol una escuela de valores, fruto de la impronta que ha dejado Marcelino Sanromán

Carlos Sanromán (de pie, tercero por la izquierda), hijo de Marcelino Sanromán, junto al pasado y presente del Fútbol Base Carmona.
Carlos Sanromán (de pie, tercero por la izquierda), hijo de Marcelino Sanromán, junto al pasado y presente del Fútbol Base Carmona. MAURI BUHIGAS
26 de enero de 2025 a las 19:30h

No fue únicamente un maestro o un entrenador de fútbol. Representó un símbolo de entrega a su ciudad, Carmona. Sevillista hasta la médula, claro, directo y sin cortapisas, marcó el futuro, hoy presente, de miles de niños más allá de las aulas del colegio Pedro I, El Barranquillo de sus amores. Tras su repentino fallecimiento en noviembre de 2024 deja un hueco enorme en la sociedad carmonense. Sin embargo, su legado sigue vivo en la labor de sus compañeros, amigos y alumnos, quienes continúan su misión con la misma dedicación y entrega que él demostró durante toda su vida.

Los que hablan de Marcelino Sanromán lo definen como un entregado a los demás, con una vocación que superaba cualquier responsabilidad profesional. Su vida estuvo marcada por el compromiso social y la búsqueda constante de oportunidades para los más jóvenes. “Un segundo padre”, comenta Pablo, uno de sus niños del fútbol. Muchos antiguos alumnos lo recuerdan con cariño: “Tenía esa capacidad única de ver más allá de las notas. Veía a la persona, al niño que había detrás de cada pupitre. Siempre tenía una palabra de aliento y un consejo acertado”.

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Centenares de niños y niñas acuden cada tarde al Pepe Olías a entrenar. MAURI BUHIGAS

En numerosas ocasiones, incluso fuera del horario escolar, se le veía organizando actividades deportivas o charlando con familias preocupadas por el futuro de sus hijos. Otros tantos como alguien que jamás rechazaba una petición de ayuda. De él aprendieron a valorar “el esfuerzo, el trabajo en equipo y la importancia de la disciplina, enseñanzas que hoy siguen presentes en nuestras vidas”, afirman en Carmona.

Más que un maestro

Dedicó gran parte de su vida a la enseñanza. Tanto es así que en el CEIP Pedro I, donde hizo carrera, el pabellón lleva su nombre. Los homenajes en vida, siempre. Respetado por sus compañeros y querido por sus amigos. Paco Ortiz, amigo desde la infancia y fiel compañero en los terrenos de juego, rememora cómo dedicaba tiempo extra a ayudar a los niños que lo necesitaban, incluso durante su etapa en el servicio militar, donde llegó a dar clases a reclutas analfabetos: “Era un hombre respetado, pero no por miedo, sino por la admiración que generaba su entrega y su compromiso”, afirma.

Marcelino veía en cada momento una oportunidad para enseñar, guiar y apoyar a sus alumnos más allá de los límites del aula convencional. Participaba en actividades extraescolares, organizaba campamentos y trabajaba codo a codo con otros educadores para crear un ambiente donde cada niño pudiera desarrollarse plenamente. Su dedicación traspasaba las paredes del colegio. Organizó eventos culturales, actividades lúdicas y jornadas de convivencia para estrechar lazos entre estudiantes, profesores y padres. Y así, un largo etcétera. Sin ruido, sin grandes anuncios, sin medallas. 

El Fútbol Base Carmona, su otra familia

El proyecto del Fútbol Base Carmona nació en 2002 con una clara intención: ofrecer a los niños de la ciudad un espacio donde crecer a través del deporte. José Rodríguez Infante, Pepín, fundador del club y amigo personal de Marcelino Sanromán, lo cuenta: “Marce era mucho más que fútbol. Era una persona incansable, un amigo leal y un trabajador comprometido. Gracias a él, cientos de niños han podido disfrutar de un ocio sano y de calidad”, comenta Pepín. Raúl Magaña González, presidente actual del club, destaca su visión: “Su filosofía era clara: todos los niños tienen derecho a jugar al fútbol, con o sin recursos económicos”.

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José Rodríguez Infante (Pepín), en el centro de la foto, junto a otros directivos del FB Carmona. MAURI BUHIGAS
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Manuel Carvajal, antiguo jugador de la AD Carmona, es ahora entrenador del FB Carmona. MAURI BUHIGAS

Y es que el Fútbol Base Carmona ha evolucionado desde sus humildes comienzos hasta convertirse en una institución en la ciudad, clave en la no desaparición de la Agrupación Deportiva Carmona hace ya unos años. Magaña reflexiona sobre este viaje: “Hemos crecido mucho, pero el desafío sigue siendo enorme. Y seguimos siendo una escuela deportiva referente en la comarca, por número y por oportunidades”. El presente del club está marcado por una combinación de tradición y modernidad. Se han implementado programas de formación avanzada para los entrenadores y se ha invertido en tecnología deportiva para optimizar los entrenamientos. Pero más allá de los avances materiales, el verdadero legado de Marcelino sigue siendo la transmisión de valores. “El fútbol aquí no es solo un deporte. Es una herramienta para formar personas íntegras, responsables y comprometidas. Ese era el objetivo de Marcelino y sigue siendo el nuestro”, añade el máximo mandatario.

Siempre dispuesto

Pieza clave en la mente de Sanromán eran las familias. Sin ellas, el puzle de la educación no terminaba de completarse. Para muchos padres y madres, él era más que un maestro o un entrenador; era un referente, un apoyo en tiempos difíciles o un padre. Pablo Ibáñez, antiguo jugador y ahora entrenador y directivo del club, reconoce la influencia personal que tuvo en su vida: “Fue como un segundo padre para mí. Me animó a seguir formándome, me apoyó en momentos difíciles y me enseñó a liderar desde el ejemplo”.

De él cuentan sus amigos, como Paco Ortiz o Pepín, que era una persona cercana, amable y profundamente humana. El primero, emocionado, narra una anécdota única: “Una vez, en un viaje que hicimos con un grupo de jóvenes, Marcelino se quedó hasta las tantas hablando con un chaval que estaba pasando un mal momento personal. No buscaba soluciones fáciles, simplemente estuvo allí, escuchando, entendiendo y acompañando. Esa era su manera de estar en el mundo”. José Rodríguez Infante, Pepín, recuerda que Marcelino “era también un gran amigo al que podías llamar a cualquier hora, para cualquier cosa y él estaría allí, dispuesto a ayudarte”.

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Rogelio Rodríguez dialoga con uno de los jóvenes durante un entrenamiento. MAURI BUHIGAS
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La importancia de los valores es clave en la filosofía del FB Carmona. MAURI BUHIGAS

Antonio López, bético confeso, fue uno de esos alumnos con los que, al cabo de los años, Sanromán forjó una amistad única. En 1995 Toni fue campeón con el Atlético Barranquillo de fútbol alevín en la liga local, un equipo de niños al que el maestro le tenía muchísimo cariño. “A mí solo me sacaba los últimos cinco minutos de cada partido porque era un coladero de lo malo que era. Cuando se lo recordaba ahora, casi veinte años después, él se reía, pero yo jugaba al menos cinco minutos y eso decía mucho de él”, recuerda con una sonrisa. Le ganaron aquella liga a los Diminutos del León por 2 a 1 en la penúltima jornada “cuando los campos eran aún de albero y nada de césped como ahora”, añade. A pesar de sus colores, era muy respetuoso y educado con los béticos. Pocos saben que incluso colaboró con la cantera del Real Betis. Toni recuerda cómo se hacía cargo de los niños y se iba a ver partidos del club verdiblanco en el autobús de la Peña Bética de Carmona. “Gracias a él, conocí personalmente a Chano, ex jugador del Betis y del Tenerife en los años noventa y uno de mis ídolos de la infancia”, concluye.

Raúl Magaña, presidente del Fútbol Base Carmona, al que pescó Sanromán cuando hace dos años pidió ser relevado al frente del club de sus amores, comenta que “ha dejado un club, una familia, construida sobre valores sólidos. Cada niño que juega aquí lleva un poco de su espíritu”. Los desafíos del club son enormes. La creciente demanda de recursos, la necesidad de modernizar las instalaciones y la formación constante de entrenadores y voluntarios son solo algunas de las metas a corto y largo plazo. Sin embargo, la dirección del club sigue comprometida con el mismo espíritu que Marcelino inculcó desde sus inicios. “El reto ahora es mantener vivo su legado y adaptarlo a los tiempos que corren, sin perder la esencia de lo que él construyó”, añade Raúl. El futuro del Fútbol Base Carmona es prometedor. Las nuevas generaciones de entrenadores, jugadores y directivos tienen una responsabilidad clara: proteger y fortalecer lo que él comenzó gracias a Pepín y a Paco Ortiz, entre otros.

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Arriba de izquierda a derecha: Rogelio Rodríguez Medina, Manuel Carvajal Gómez, Carlos Sanromán Pérez, Francisco Gómez Ortiz (Paco Ortiz) y José Rodríguez Infante (Pepín). Abajo de izquierda a derecha: Pablo Ibáñez Núñez, Manuel Rodríguez Cabezas, Gemma Rodríguez Sola, Francisco Javier Maqueda Magro y Raúl Magaña González. MAURI BUHIGAS
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Carlos Sanromán, hijo del fallecido Marcelino Sanromán, charla con dos directivos del FB Carmona. MAURI BUHIGAS

Al caer la tarde sobre el Estadio Municipal 'Pepe Olías', los gritos de los niños y niñas, las indicaciones de los entrenadores y los aplausos de las familias se convierten en un eco vivo del legado de Marcelino Sanromán, un recuerdo que sigue latiendo en cada rincón del campo, en cada aula del Pedro I, del Barranquillo de sus amores y en el recuerdo de tantos y tantos que lo siguen recordando a día de hoy como un carmonense único y su eterno profesor.

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Ezequiel García Barreda

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