A falta de un recuento fiable y riguroso, hay baremos caseros para fijar o adelantar el éxito de una convocatoria. Si una persona mayor del entorno familiar -abuela, tío, padre- y otro pariente con muchos menos años -hijo, nieto, sobrino- anuncian con antelación que acudirán a la misma cita, el llenazo es inevitable.
Es lo que sucedió este sábado con el encendido del alumbrado extraordinario de Navidad de la ciudad de Cádiz en el último día de noviembre de 2024. Los residentes y algunos visitantes habían mostrado antes premeditación y alevosía. Ya decían que pensaban ir. Y cómo fueron.

Los autobuses no se detenían en las paradas muchos minutos antes de la hora de inicio -18 horas para un prólogo infantil- porque no cabía ni un pasajero más.
Las riadas de caminantes blancos y oscuros, ataviados o no, jóvenes y mayores, eran continuas hacia los dos epicentros de la llamada mucho antes de la puesta de sol, aún con el equipo de fútbol jugando en casa, como quiera que se llame el estadio, al mismo tiempo, desde las 18.30 horas.
Las plazas de San Juan de Dios y Catedral estaban llenas, era imposible entrar sin presionar a otros ocupantes, desde las seis de la tarde cuando arrancaba un espectáculo infantil previo al gran momento del interruptor, las 19 horas.
En tiempos de llenos crónicos de terrazas, bares, ventas, conciertos, destinos turísticos, paisajes, estadios y medios de transporte, la Navidad de Cádiz se sumaba a la tendencia general que parece irremediable. Diagnóstico final: atestado.
Sería la participación de la exitosa Banda de Nuestra Señora del Rosario en la apertura o el espectáculo de luz y sonido que se estrenaba para ser reproducido cada día hasta las fechas señaladas. O el posterior concierto de villancicos flamencos Puro Cádiz.
Por un motivo o por todos, el lleno fue absoluto, agobiante por momentos de no ser por la gran presencia de niños que siempre provocan una sensación de disfrute inofensivo, de que todo va a ir bien. Costó acercarse a ver cómo el alcalde cumplía con el ritual del interruptor aunque el fogonazo lo hizo innecesario. Se notó que habia acertado con el botón.
El equipo de gobierno de Bruno García (PP) se vestía de luces para presentar la primera Navidad que ha podido preparar con tiempo, hasta convertirla en un supuesto proyecto de fomento comercial y económico, también cultural, de la ciudad de Cádiz. El nuevo pliego de alumbrado cuenta "con 2.599.075 puntos de luz en toda la ciudad".

Desde esta noche de sábado ilumina 65 calles y 22 plazas, con un esfuerzo "nuevo", es más del doble que en los años anteriores" repiten los concejales para convertir estos exornos tradicionales en un acto político que pretende traducir en un mensaje ideológico: a este gobierno municipal le apasiona la Navidad pero al precedente, no. La polarización omnipresente.
La oposición, formada en parte por ese gobierno anterior, le afea que una ciudad con tantas necesidades vaya a gastarse 8,85 euros por habitante en esta iluminación extraordinaria, con lo que supera -per cápita, no en cifras brutas- a Vigo-, la ciudad que más gasta de España en adornos navideños públicos con una media de 8,07 euros.
En total, la feria le ha costado al Ayuntamiento de Cádiz 3.813.172 euros según reza en el contrato público. El equipo de Bruno García argumenta que parte de ese coste incluye también el coste de los exornos de la mayor fiesta de la ciudad, el Carnaval.
Al margen del recorrido que tengan esa polémica y esas cifras, los ciudadanos, el público se presentó a su presentación de forma abrumadora. Los colores ya están iluminados y encendidos. Supuestamente animan a comprar y a gastar, a consumir, a comer y a beber como si el personal necesitara muchos estímulos para tales prácticas.
Una vez concluyeron los espectáculos en San Juan de Dios y Catedral -donde un gran montaje recordó la tragedia de Valencia con los colores de su bandera-, el mismo caudal de público, con muchos niños dentro, llenó las calles camino de una de las novedades del programa de este año: el parque de luz y sonido, con atracciones y mercadillo, en la Plaza de España.
Entre los comentarios del respetable que rebosó las calles del casco antiguo como sólo se suele ver en Carnaval, ironía con los exornos en la calle Columela, que parecen enormes en una calle comercial tan estrecha. Y comentarios de todo tipo, halagadores o cañeros, sobre los hilos luminosos que forman una especie de techo en las vías centrales.
Si en ciudades como Jerez abundan las críticas contra el volumen ensordecedor de la música navideña por megafonía en las calles, en el caso de Cádiz ha sido el posible exceso de iluminación el que se lleva los chascarrillos por ahora: "Con las gafas de sol puestas se está bien", reía un paseante junto a su familia pasadas las nueve de la noche.
También hubo comentarios sobre el fallo parcial en la iluminación de un gran montaje en El Palillero, con la mitad del exorno apagado, o en las calles Feduchy y Columela. Nimias incidencias técnicas fácilmente recuperables, se supone.
Más allá de las opiniones sobre la conveniencia de elevar tanto el gasto público en una cita tradicional y familiar, sobre el hipotético exceso de iluminación o sobre las molestias que provocan unas concentraciones de público tan elevadas en espacios reducidos, el éxito de convocatoria resulta incuestionable en la jornada de apertura.
Si se trata de medir por números, por peso, por densidad de población en un espacio concreto, la apertura de la Navidad de Cine -como la denomina el Ayuntamiento en 2024- y los cambios realizados en el programa o los exornos han cosechado el favor del vecindario y los visitantes. Al menos, en la primera velada.
A partir de este sábado, 30 de noviembre, el horario del alumbrado navideño diario será de 18.30 a 24 horas, excepto los días 24 y 31 de diciembre, y 5 de enero, que se ampliará hasta las tres de la madrugada.