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Un amor inseparable en Jerez: José se muda a la residencia para seguir junto a Plácida tras 63 años casados

Este matrimonio, de 88 y 84 años y natural de Granada, vive en la residencia de mayores San Juan Grande, en Jerez, con seis décadas en común, un hito del que pocas parejas pueden presumir

José Rodríguez y Plácida Muriel, en la Residencia de mayores San Juan Grande de Jerez.
José Rodríguez y Plácida Muriel, en la Residencia de mayores San Juan Grande de Jerez. MANU GARCÍA
28 de marzo de 2025 a las 20:51h

Amores de los que duran toda la vida van quedando pocos. Es todo un hito que el matrimonio perdure tanto tiempo como el de José Rodríguez y Plácida Muriel. Nada más y nada menos que 65 años hace que se vieron por primera vez. Desde entonces, no se han separado ni un segundo y han compartido las penas y alegrías que la vida va dejando. En la Residencia de mayores San Juan Grande, en Jerez, donde residen desde hace dos años y medio, recuerdan la historia que han vivido juntos.

Caminan despacio, con un bastón cada uno, hasta llegar a una mesa con vistas a un hermoso patio lleno de plantas. Él tiene 88 años y ella, 84. Él es de Almegíjar y ella, de Torvizcón, pueblos de la Alpujarra granadina.

José no fue al colegio prácticamente. A los seis meses de entrar, salió para guardar cabras y ovejas hasta que, con 13 años, empezó a trabajar en el campo con sus padres. “Sé hacer toda la faena del campo”, dice el granadino, que ingresó en el ejército el 15 de marzo de 1959. Lo recuerda perfectamente, como si fuera ayer.

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José cuida de un pequeño huerto.   MANU GARCÍA

Mientras tanto, a 6 kilómetros, Plácida trabajaba en una panadería después de haber ido al colegio. Aquella adolescente no paraba quieta, lo mismo cosía junto a su madre camisas y pantalones que despachaba en una tienda o iba a limpiar casa con un pintor. “Mi madre le ponía las inyecciones a todo el pueblo, era practicante y asistía los partos”, comenta.

Ninguno de los dos sabía lo que le tenía preparado el destino. La prima de él era vecina de Plácida en Torvizcón, donde se conocieron. “Su madre venía a mi casa por que nos cosía”, dice José. Pero fue en un baile, en marzo de 1960, cuando saltaron las chispas. “Yo estaba en la mili, pero había ido de permiso a casa”, añade él.

Cupido hizo de las suyas y el 5 de noviembre de 1962, a los dos años, ya estaban sonando las campanas de boda. La pareja puede presumir de ser una de las pocas que han logrado alcanzar 63 años de casados. Están muy cerca de las bodas de platino, que se celebran en el 65 aniversario.

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Plácida, durante la entrevista con lavozdelsur.es.  MANU GARCÍA

Más de medio siglo compartiendo momentos que al matrimonio le viene a la cabeza. “Recién casados nos fuimos a vivir a una casa de campo a Torvizcón y allí hemos estado toda nuestra vida”, comentan.

Tras seis años de convivencia, José se marchó al extranjero a trabajar en la construcción y pasó una década de idas y venidas a su tierra. Solía viajar en tren o autobús de Granada a Lausana, una ciudad en el lago de Ginebra, en Suiza. Mientras, Plácida compaginó varios trabajos con la crianza de su primera hija. Su familia siempre la apoyó durante estos diez años en los que José pudo ahorrar. “La vida era distinta a la de hoy”, suspira la anciana.

“Me traje dinero para poder hacer una casa nueva y compré 23 hectáreas de tierra. Yo no podía hacer el trabajo solo y saqué una póliza de seguro”, recuerda José con detalle. Al poco tiempo nació su segunda hija, que, actualmente, es hermana del Sagrado Corazón y está en Roma.

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José estuvo diez años trabajando en Suiza.   MANU GARCÍA

La mayor, en cambio, cuando creció, estudió la carrera de Trabajo social y logró una buena plaza en la provincia de Cádiz, donde lleva ya más de 30 años. Es por ella por la que Plácida y José se encuentran en tierras gaditanas.

Nueva vida en la provincia de Cádiz

El matrimonio encargó la construcción de una casa en Bornos. “Era linda para las personas mayores, sin ninguna escalera y un patio. Pero solo hemos vivido allí el tiempo de la pandemia”, explican. Pronto, la salud de Plácida empezó a empeorar debido a un trágico episodio en el que casi pierde la vida.

La granadina sufrió una aparatosa caída pintando una habitación y se rompió la tibia y el peroné. Después de cinco años de aquella operación, se empezó a encontrar mal.

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Plácida y José recuerdan su historia de vida.   MANU GARCÍA

“Estuve tres años más tiempo en el hospital que en casa. Los médicos me dijeron que en vez de ponerme sangre me habían puesto plasma y eso dio la cara. Se me estropearon los riñones. Los médicos ya no contaban conmigo”, relata.

Plácida necesitaba cuidados, así que, el matrimonio decidió vender la casa y otras fincas que poseían y empezar una nueva vida en la residencia.

“Mi hija está trabajando. No le puedes tener el cargo de dos personas que necesitan médicos. No puedes hacer eso. Mejor que aquí no estamos en ningún sitio. Y además los dos juntos”, reflexiona la mujer.

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El matrimonio lleva 63 años casado.   MANU GARCÍA

Su marido podría haberse quedado en la casa, sin embargo, tuvo el bonito gesto de no separarse de ella. “¿Y qué iba a hacer solo en una casa?, ríe Plácida, que valora el cariño que reciben de su hija mayor.

“Ella viene todas las semanas y nos compra lo que nos hace falta y nos llama. Que tengas quien te cuide, mejor que eso, no hay nada”, dice.

José y Plácida se levantan y, con calma, salen al patio, donde él ha montado su pequeño huerto. Este amante de las plantas y la naturaleza cuida a diario de las macetas y su siembra, desde hierbabuena hasta perejil y azafrán. “Esto tiene un trabajo”, dice con una sonrisa. El patio está lleno de vida desde que llegó. Sin perder la sonrisa, este matrimonio longevo demuestra un amor imparable.

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Patricia Merello

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