Un estruendo, en un segundo, sin previo aviso, sin una pequeña piedra o crujido previo que advirtiera. Un fuerte ruido en la calle y "chillidos", explica una camarera de un bar al final de la calle, y una enorme cantidad de polvo en plena Cruz Vieja.
A la hora del almuerzo, pasadas las 16 horas, el inmueble de dos plantas que hace esquina entre la calle Zarza y Ramón de Cala -la calle que continúa hasta la Cruz Vieja, corazón de San Miguel- se ha derrumbado completamente.
Justo delante de la vivienda derrumbada está la terraza de la Abacería Cruz Vieja. Su propietario, Carlos López, explica a lavozdelsur.es que, por fortuna, no hay ninguna persona herida.
En su terraza, había varios clientes. Según adelanta el Ayuntamiento, constan tres personas que han sido atendidas: dos menores y una mujer. Entre las niñas, una de ellas presenta una leve lesión al parecer en la muñeca. La mujer ha requerido por parte de los servicios de emergencia un lavado de los ojos por la cantidad de polvo que le ha entrado. Otro testimonio habla de una pequeña herida en el costado de un varón, pero apenas nada.
Los vecinos de San Miguel habían advertido al Ayuntamiento sobre esta casa, en muy mal estado. Las lluvias no han ayudado, parece en estos momentos.
Un mal recuerdo
Los bomberos, más de una decena, movilizados con tres vehículos nada más recibir el aviso, han acudido con perros para descartar lo que ya se intuía, que en el interior del inmueble abandonado no había nadie. La zona está acordonada y llena de cascotes enormes.
El propietario de la abacería señala que por suerte en ese momento no pasaba nadie alrededor. Es evidente que si cualquier vecino estuviera al paso de esta casa, nada podría haberse hecho. Por la distancia a la que se encuentra la terraza, ningún cascote ha alcanzado al local.
Gracias a un milagro, lo más grave, parece, será el recuerdo de un susto.