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El certamen literario

Mientras que en algunos concursos se premia la originalidad y el estilo narrativo, en otros la decisión puede estar influenciada por tendencias del mercado o incluso por cuestiones ideológicas

25 de febrero de 2025 a las 16:43h
Un libro, en una imagen de archivo.
Un libro, en una imagen de archivo. MANU GARCÍA

Los concursos literarios han sido, desde siempre, un escaparate para los escritores en busca de reconocimiento. Son una oportunidad para que autores emergentes vean sus obras premiadas y validadas por un jurado de expertos. Sin embargo, existe una idea errónea que rodea estos certámenes: la creencia de que siempre se rigen por criterios justos y objetivos.

No se trata de menospreciar el valor que tienen estos concursos ni de afirmar que todos están manipulados, pero sí de reconocer que no siempre funcionan de manera transparente. La literatura, como cualquier otro sector donde hay premios y reconocimientos, no está exenta de influencias, favoritismos y decisiones cuestionables. Esto no significa que todos los concursos sean fraudulentos, pero sí que es importante abordar el tema con un enfoque realista y crítico.

Cuando un escritor decide presentar su obra a un concurso, lo hace con la ilusión de que será evaluada bajo criterios de calidad literaria, confiando en una imparcialidad que dan por sentado. Sin embargo, lo que pocos contemplan es que, en ocasiones, los lazos personales, las conexiones y los intereses particulares pueden influir en los resultados. Algunos concursos cuentan con jurados conformados por editores, escritores y figuras del sector que, inevitablemente, tienen sus propios círculos de influencia.

Además, en ciertos casos, las editoriales que patrocinan estos certámenes pueden ejercer presiones para que ciertos libros sean favorecidos. Esto provoca que algunos escritores, sin importar la calidad de su obra, queden fuera de la competencia. No se trata solo de preferencias personales, sino de un ecosistema en el que las relaciones y los compromisos pueden pesar más que el talento en sí mismo.

Por otro lado, está el hecho de que los criterios de evaluación no siempre son del todo claros. Mientras que en algunos concursos se premia la originalidad y el estilo narrativo, en otros la decisión puede estar influenciada por tendencias del mercado o incluso por cuestiones ideológicas. Un libro que podría ser brillante desde un punto de vista literario puede ser descartado simplemente porque no encaja con la línea editorial de los organizadores.

Un caso personal: La sombra de la duda

Cuando publiqué El caballero de la Frontera (Kaizen, 2020), recibí un comentario de un conocido que formaba parte del jurado de un concurso literario. Me dijo que mi libro había quedado a las puertas de ser nominado. En ese momento, no le di mayor importancia. Sin embargo, al revisar las nominaciones del certamen de este año, mi percepción cambió drásticamente. Entre los nominados a dos categorías se encontraba un amigo íntimo de ese mismo miembro del jurado. La sorpresa y la decepción fueron inevitables.

El problema no son las obras que no llegan a ser nominadas. Eso es parte del juego y es algo con lo que cualquier autor debe lidiar. Lo preocupante es la aparente manipulación que se esconde detrás de ciertas decisiones. No conozco a fondo los entresijos de los concursos literarios y, de hecho, los valoro mucho. Considero que son una excelente plataforma para dar a conocer nuevos talentos y premiar el esfuerzo de los escritores. Pero en este concurso en particular, con el que me he topado en dos ocasiones, la decepción ha sido mayúscula.

Al ver el nombre del nominado, de inmediato recordé el del jurado que me había hecho aquel comentario años atrás. Finalmente, lo que tenía que pasar ocurrió: la persona nominada no pasó a la lista de finalistas. Sin embargo, ¿quién puede garantizar que no hubo otras maniobras entre bastidores? Este tipo de situaciones generan un impacto negativo en la credibilidad de los certámenes literarios y en la ilusión de muchos autores que creen que las nominaciones se otorgan bajo criterios estrictamente literarios.

Esta experiencia personal no es un caso aislado. En la historia de los concursos literarios han existido múltiples denuncias de favoritismos, plagios encubiertos y manipulaciones por parte de algunos jurados. Esto deja en evidencia la fragilidad del sistema y la necesidad de una regulación más estricta para garantizar la transparencia en los procesos de selección.

A pesar de estas experiencias desalentadoras, los concursos literarios siguen siendo una herramienta valiosa para los escritores. Muchos de ellos están organizados con seriedad y respeto, y han servido como trampolín para autores que, de otro modo, no habrían encontrado su lugar en el mundo editorial. También han sido el punto de partida de grandes carreras literarias, dando visibilidad a libros que de otra forma habrían pasado desapercibidos.

Los concursos también ofrecen un espacio de validación y motivación para los escritores. Ganar o ser nominado en un certamen puede representar un impulso anímico significativo, además de abrir puertas a nuevas oportunidades dentro del mundo editorial. También pueden servir como una excelente manera de recibir retroalimentación constructiva sobre el trabajo propio, especialmente en aquellos concursos donde se ofrecen valoraciones detalladas de los jurados.

Para mejorar la transparencia de los concursos literarios, sería recomendable que estos adopten medidas más estrictas en cuanto a la selección de los jurados y el proceso de evaluación. Algunas posibles soluciones podrían ser:

1. Jurados rotativos y anónimos: Evitar que las mismas personas formen parte del jurado de manera recurrente podría reducir los favoritismos. Además, asegurar el anonimato de los jueces podría evitar presiones externas.

2. Evaluaciones a ciegas: Si los manuscritos se evaluaran sin conocer la identidad de los autores, se minimizaría la posibilidad de influencias personales. Esto ayudaría a garantizar que los textos sean valorados por su calidad y no por la reputación del escritor.

3. Mayor transparencia en el proceso: Publicar los criterios de selección y dar a conocer cómo se toman las decisiones podría generar mayor confianza en los participantes. La
posibilidad de auditar los resultados también podría ser un mecanismo de control efectivo.

En definitiva, los concursos literarios son una gran oportunidad, pero es importante abordarlos con una mirada crítica y consciente. El verdadero valor de una obra no lo determina un premio, sino su impacto en los lectores y la pasión con la que ha sido escrita. Seguir escribiendo, publicando y compartiendo historias con el mundo sigue siendo la mejor manera de encontrar reconocimiento más allá de los concursos.

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