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¿Defender a qué patria?

Desde que papá Trump se llevó el balón a su casa y nos dejó solos en la plaza sin jugar al fútbol y con el toro enfrente no hacemos más que hablar de guerra

23 de marzo de 2025 a las 08:30h
El tenso encuentro entre Trump y Zelenski.
El tenso encuentro entre Trump y Zelenski.

El Poder se ha fabricado un enemigo, ¿qué harían el poder -la política- y el Poder -el dinero- si no se fabricaran enemigos? Los poderes son tales porque crean enemigos cuando no los tienen y porque poseen mucha más información que nosotros los de a pie. Y no sólo más información sino información interpretada por los expertos que tienen a sueldo (no es un mal trabajo ése, recuerden a los expresidentes españoles: Felipe González asesoró o asesora al magnate mexicano Carlos Slim y José María Aznar hizo o hace lo propio con Rupert Murdoch, el dueño de la Fox, de The Times y de The Wall Street Journal).

Tenemos un enemigo que se llama Vladimir Putin, ya sabemos que de un momento a otro se dispone a invadir Finlandia y luego viene para acá. Hay que defenderse, los países potencialmente invadidos han reconstruido la mili y en España lo estamos pensando, hacen falta combatientes para cuando llegue el nuevo Napoleón hitleriano con el torso descubierto, a lomos de su orgulloso caballo de crines blancas movidas armoniosamente por el viento de la conquista. 

Mas resulta que una noticia de la semana ha consistido en hacernos saber que en la madre patria más de la mitad de los españoles no están dispuestos a defender su territorio. ¿Ahora qué hacemos? ¿Cómo lograr que comprendan esos bodoques que Putin es una amenaza cierta? ¿Sabrán acaso que la amenaza real hemos sido nosotros llevándole la OTAN hasta sus narices y que existe el derecho a la defensa que miren lo bien que se lo está aplicando Israel? 

Desde que papá Trump se llevó el balón a su casa y nos dejó solos en la plaza sin jugar al fútbol y con el toro enfrente no hacemos más que hablar de guerra, los medios de comunicación conservadores mucho más que los progresistas porque los progresistas obedecen a Pedro Sánchez que ha asumido otra vez aquello de “OTAN, de entrada, no”, misteriosa sentencia que es la cuadratura del círculo. Luego está el progresismo más progresista, el de irse de la OTAN, que atrae a muchos jóvenes.

En mis tiempos de mili el ejército español estaba muy inflado y eso no lo veía bien la OTAN. Ahora resulta que se ha desinflado, nos hallamos en un momento similar al del año 2000 y 2001 cuando corrían vientos de “no a la guerra”, cuando los jóvenes no querían ir a la mili y terminaron por ponerla voluntaria. Tampoco había entonces mucha pistola por el mundo y la OTAN -tal vez alarmada- nos invitaba a algunos profesores universitarios a su cuartel general de Bruselas y allí nos daban charlas promocionales respetables militares con muchas medallas en el pecho. Pregunté -por preguntar, ya me sabía la respuesta- que qué pintaba la OTAN si ya no había Pacto de Varsovia y me confirmaron lo que esperaba: que estaba ahí el terrorismo internacional, etc. 

Eso fue sobre el primer cuatrimestre de 2001. En septiembre derribaron las Torres Gemelas y todo se llenó de armamentos y de guerras. Hasta hoy. Ahora es Putin el nuevo Osama Bin Laden. Y hay que movilizar a la gente, a la juventud primero y que los reservistas estén atentos. ¡A la mili de nuevo!, ¡hay que prepararse para la inminente llegada del Apocalipsis! 

Sin embargo, resulta que eso se le está diciendo a una sociedad dormida por el consumo, el ocio, el entretenimiento, la sociedad digital y juguetona, la que viaja y reserva apartamentos y rutas meses antes de emprender la huida, la que se sienta a ver programas audiovisuales en los que hay que meter escenas graciosas para que los niños y niñas ya creciditos que nunca abandonan la adolescencia se lo pasen bien. Esa muchachada que estima que el mejor profesor es el gracioso de turno, el simpático, el que habla mucho de injusticia, de igualdad, de solidaridad. La muchachada generalmente educada entre algodones paternales y estatales que cree que la palabra esfuerzo no va con ellos, la que se cuelga de una red social o de un videojuego a menudo violento que es en el único sitio donde quiere saber de guerras y matanzas…  

Con tales mimbres y una población envejecida, ¿quién va a defender a la patria española? Y, ¿quién es y qué es España? La mitad de los catalanes dice que el asunto no va con ellos y además a Putin no le disgusta el separatismo, Cataluña pasará a llamarse Catalunyastán. Y ya estarán los catalanes liberados de Espagnán. Sustituirán la barretina por la ushanka. 

Tampoco a la mayoría de los vascos y a muchos gallegos les mola ¡España! Hasta en la Guerra Civil los vascos republicanos nacionalistas pensaban más en Euskadi que en la República. Cuando llegue Putin y los meta en campos de concentración se acordarán de los españoles, pero no podrán liberarlos porque estarán también en otros campos de concentración. Todo por no querer defender a la patria. Y entonces llegará Trump con su amigo Mohamed VI, se unirán los dos a Putin y adiós Piel de Toro, los separatistas andaluces estarán medio contentos porque el país donde está enterrado Al-Mutamid -cuyo lugar visitó Blas Infante- al fin se ha hecho con Al-Ándalus. Un Al-Ándalus que comerá muchas más hamburguesas, mucho más cus cus y en lugar de fino La Ina beberá té Putin y para la gripe vodka Vladimir; un Al-Ándalus en el que las mujeres estarán en casa con la pata quebrada y es que la alegría nunca es plena ni nunca estamos contentos. 

Ya veo a una tropa de viejos defendiendo la vieja Hispania, lo que quede de ella, yo ya no sé lo que es España y tengo dudas de que existiera alguna vez por consenso de la inmensa mayoría, sólo sé que el XIX fue un vaivén de regímenes decadentes y un fracaso de la ilustración y el liberalismo, a mí me lo van a decir, que nací y vivo en la ciudad madrastra, la que no quería saber nada de sus hijos ilustrados: Pablo de Olavide (hijo adoptivo de facto), Alberto Lista, Blanco White, Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer, Manuel María del Mármol, Antonio Machado, Luis Cernuda, Alejandro Sawa, mientras fuera de Sevilla se cachondeaban y tiraban por tierra el submarino de Isaac Peral. ¡Anda ya! ¡Que inventen ellos! Amén. 

A mí me lo van a decir que procedo de la tierra donde se ideó La Pepa, esta semana ha sido su onomástica, no nos acordamos ya de ella, nos acordamos de los pepes y de los padres putativos, no de aquella Constitución que, de haber salido adelante, hubiera supuesto el nacimiento de otra España alejada de la de charanga y pandereta, cerrado y sacristía. No, mejor la España de “Vivan las cadenas”, por eso en Sevilla don Francisco Franco ganó la guerra al poco tiempo de empezarla. Y eso aún se arrastra.  

Le atribuyen a Bismarck la frase: “España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentado destruirlo y no lo han conseguido". En ese empeño iconoclasta seguimos. Somos iconoclastas y puede que también sabios. Porque hay verdaderos mercachifles que, para hacer negocio, nos quieren endosar más miedo en el cuerpo del que ya tenemos. 

El 14 de abril de 2022, Jennifer Olivera afirmó en Infobae que la creación de un enemigo es una estrategia política que no falla. “No quiero decir que la industria militar simbolice al diablo -escribió-. Por el contrario, la industria militar es necesaria e importante. Pero el problema no es la industria, sino quienes utilizan la propaganda engañosa para dibujar un enemigo, -inventándolo o engrandeciéndolo- que justifique la adquisición de armamento o pretextos para demostrar la necesidad de contar con un gasto militar alto cuando en verdad existe otra vía para la resolución del conflicto de intereses que se tiene con el enemigo”.

Y añadió: “Tan solo en la primera semana de guerra, entre Ucrania y Rusia, las empresas de armas alcanzaron sumas millonarias en la bolsa, generando ganancias más que generosas para sus inversores. Las ganancias fueron de entre un 20% hasta un 30%, tan solo en la primera semana de guerra. Según se informó, Estados Unidos habría ganado unos 80.000 millones de dólares durante ese período inicial de contienda”.

A mí me gusta el famoso dicho de Vegecio -si quieres la paz prepárate para la guerra-, lo he manifestado otras veces. Pero en mi opinión tales palabras encierran también la necesidad de usar de una vez el cerebro en lugar de las emociones y la codicia. Tal vez si hay tantos habitantes de lo que llamamos España que se niegan a ir a la guerra, sea porque están hasta las partes bajas y altas de tanta sinrazón y de tanta serpiente venenosa y tanto vampiro que necesita sangre para vivir. 

Quienes se niegan a ir a la guerra no serían cobardes sino que estarían exigiendo vivir en paz, con las guerras precisas y necesarias, no con las inventadas para que los dráculas sigan mordiéndonos el cuello. Y además estarían rompiendo con los preceptos implantados por una cultura psicológica estudiada de sobra por expertos como George Miller, Stanley Milgram o José Antonio Marina. La pregunta es: ¿por qué obedecen los seres humanos a los gobernantes y en general a la masa? Si no hay obediencia a los poderes no hay guerras. Entonces, ¿por qué obedecen? 

Respuesta simple y breve: uno, porque llevamos toda la Historia siendo enseñados para obedecer: a los padres, a los superiores, a la autoridad, a los dioses, a Dios… Dos, porque nos aterra la soledad, que la masa nos margine, con tal de que eso no ocurra Vicente va donde va la gente, esto es ser social por naturaleza. Tres, por miedo a las represalias. Y ahora lo que aporto yo: cuatro, porque el humano no es social sino individual, necesitamos a los demás por egoísmo, no por ser sociales. No queremos a los demás, los necesitamos, que no es lo mismo, de lo contrario, ¿por qué existen los mandamientos de la ley de Dios? ¿Amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos? Si fuéramos sociales por naturaleza no haría falta que nos preguntásemos si somos o no sociales por naturaleza. 

Quienes -a primera vista- no desean ir a la guerra sino que defienden la razón que para eso la tenemos, se están defendiendo a sí mismos de la agresión de los otros en forma persuasiva física o mediática. Veremos cuánto tiempo resisten porque defenderse y ser uno mismo tiene un precio ante el poder y ante los demás.  

 

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