La crueldad animal y el vacío de la ley: ¿realmente protegemos a los animales? He tardado varios días en poder escribir esto porque no podía poner orden a mis sentimientos.
El reciente caso de la mujer en Alicante que arrojó a sus dos perros desde un octavo piso ha generado una oleada de indignación y tristeza. La brutalidad del acto no solo ha conmocionado a los amantes de los animales, sino que también ha abierto un debate necesario sobre la efectividad de la ley de bienestar animal en España y la capacidad de nuestra sociedad para prevenir y castigar estos crímenes.
Quienes amamos a los animales no podemos dejar de imaginarnos la escena. Dos pequeños seres, inocentes y confiados, siendo tomados en brazos por la persona en la que más confiaban, sin la menor sospecha de lo que estaba a punto de suceder. Se dejaron coger porque confiaban, porque sabían que su dueña era su refugio, su seguridad. Pero ella les traicionó de la manera más cruel e inimaginable. Pensar en ese momento me destroza el alma. Imaginar su miedo, su desconcierto, su último instante en este mundo, sin poder entender por qué su dueña, su protectora, les hacía daño. Es una imagen que no puedo sacarme de la cabeza, y me resulta insoportable saber que hay personas capaces de tanta crueldad.
¿Sirve realmente la ley de bienestar animal?
En España, la Ley de Bienestar Animal, que entró en vigor en 2023, fue recibida con esperanza por quienes luchan por los derechos de los animales. En teoría, la ley refuerza la protección de los animales de compañía, prohibiendo su maltrato y abandono, e imponiendo sanciones más severas para los infractores. Sin embargo, casos como el ocurrido en Alicante ponen en evidencia sus limitaciones.
El problema radica en la aplicación efectiva de la norma. A pesar de las sanciones contempladas, la realidad es que muchas de estas situaciones terminan en castigos leves o, en algunos casos, impunidad. La falta de recursos para la vigilancia, la lentitud del sistema judicial y la dificultad para demostrar la intencionalidad del maltrato hacen que muchos de estos crímenes queden sin la respuesta ejemplarizante que merecen. Y mientras tanto, los amantes de los animales seguimos con el corazón roto, preguntándonos cómo es posible que sigamos fallando en proteger a los más indefensos.
¿Qué castigo le espera a la mujer que mató a sus perros?
En este caso, la mujer ha sido detenida y acusada de un delito de maltrato animal, que según el Código Penal puede conllevar penas de hasta 18 meses de prisión si se demuestra la agravante de ensañamiento. También podría enfrentarse a una inhabilitación para la tenencia de animales durante varios años. No obstante, la realidad es que, en muchos casos, las penas de prisión se sustituyen por multas o medidas alternativas, lo que genera una sensación de impunidad y desprotección para los animales.
Pero, ¿de qué sirve una multa cuando dos vidas se han perdido de forma tan cruel? ¿Qué castigo puede reparar la confianza traicionada, el miedo y el dolor que sintieron esos perritos? La justicia debe ser implacable en estos casos. No solo por los animales que ya han sido víctimas, sino por todos los que podrían serlo en el futuro si no se sienta un precedente. Las penas deben ser reales, ejemplares, inquebrantables. Porque de lo contrario, seguimos enviando el mensaje de que maltratar a un ser vivo tiene pocas consecuencias.
¿Cómo se puede ser tan cruel?
Para quienes amamos a los animales, resulta imposible comprender cómo alguien puede cometer un acto de tal crueldad. Los perros, al ser seres sintientes, no solo confían en sus dueños, sino que dependen completamente de ellos para su bienestar. Imaginar el momento en el que esta mujer cogió a sus perros y ellos, sin sospechar nada, se dejaron sostener por la persona en la que más confiaban, es desgarrador.
No puedo evitar que se me salten las lágrimas al pensar en ello. Miro a mis perros y no dejo de abrazarlos, de darles besos, de ofrecerles chuches de más, como si con cada muestra de cariño intentara llenar el vacío que me deja saber que en este mismo mundo, en este mismo momento, hay otros animales que no tienen esa suerte. Me aterra pensar que puede haber más personas así, que pueden criar a un animal, recibir su amor incondicional y, aun así, terminar haciéndole daño. ¿Qué clase de sociedad hemos construido para que esto sea posible?
La crueldad hacia los animales suele estar vinculada a otros problemas psicológicos y sociales. Estudios han demostrado que quienes maltratan animales tienen una mayor probabilidad de cometer actos de violencia contra personas. Esto debería ser un motivo más para que la justicia tome en serio estos delitos y aplique sanciones ejemplares que prevengan la reincidencia.
Una sociedad que debe cambiar
Casos como este no deberían ser noticia. No porque debamos ignorarlos, sino porque no deberían ocurrir. La educación y la sensibilización son fundamentales para cambiar la forma en que nuestra sociedad trata a los animales. Es urgente promover valores de respeto y empatía desde la infancia, así como establecer mecanismos más eficaces para denunciar y prevenir el maltrato animal.
Mientras tanto, quienes amamos a los animales seguimos abrazando a nuestros perros, gatos y demás compañeros de vida con la certeza de que, al menos en nuestros hogares, están a salvo. Pero el verdadero desafío es lograr que lo estén en todas partes.
Porque cada animal que sufre debería importarnos a todos. Porque su dolor es real. Porque el amor que nos dan es incondicional y no merecen nada menos que lo mismo a cambio. Y porque mientras sigamos permitiendo que actos como este queden impunes, seguiremos fallando como sociedad. No podemos conformarnos. No podemos mirar hacia otro lado. Es nuestra responsabilidad luchar por ellos