El aceite de oliva sigue en primera línea de actualidad y no precisamente en clave positiva. Primero por los precios que ha alcanzado en los dos últimos años, ahora por la alerta que ha surgido sobre su composición. Las declaraciones de Antonio Luque presidente de Dcoop, la gran cooperativa agraria andaluza, en las que denuncia fraude en el aceite de oliva que se pone en el mercado, han incendiado el sector del aceite.
Luque dice que sus palabras se basan en evidencias, aunque no aporta pruebas. El presidente de Dcoop mantiene que el aceite de oliva se mezcla con aceites con otro origen, como el de girasol, o con derivados del aceite de oliva de menor calidad, caso del orujo, y que esta práctica no es nueva, se remonta a hace varios años. Su fin es evidente: reducir costes de la materia prima y, en consecuencia, que el producto de los operadores que realizan esta práctica tenga un precio más 'competitivo' que el de los que no lo hacen.
Es más, Luque acusa a las dos patronales del sector, Asolliva y Anierac, de conocer estas prácticas y de taparlas, a la vez que pide que actúe de oficio la Fiscalía Anti Fraude. Se trata de unas acusaciones muy duras y que deberían estar basadas en pruebas... pero viniendo de donde vienen no deberían caer en saco roto y urge que se habrá una investigación al respecto, más allá de las declaraciones públicas, tanto del consejero de Agricultura de la Junta, Fernández-Pacheco, como del ministro de Agricultura, Luis Planas, defendiendo ambos las buenas prácticas del sector y los controles a los que se somete.
En realidad, la mejor noticia para el aceite de oliva sería que, durante una buena temporada, dejara de ser noticia. En el otro 'frente' que tiene abierto, el de los precios, se da por supuesto que tras el descontrol de las dos últimas campañas -debido a cosechas cortas... pero no solo, está claro que que en España ha estado también presente 'la mano del hombre'- los precios van a bajar en los próximos meses, pero veremos hasta dónde...