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El estrés del primer hijo

Si la maternidad / paternidad nos desborda, es importante pedir ayuda y buscar apoyo en familiares, amigos o especialistas que nos puedan orientar y ayudar

31 de marzo de 2025 a las 10:06h
Una mujer pasa con una tabla de surf y un bebé por delante de la obra del 'beach club' Valhalla, en El Palmar.
Una mujer pasa con una tabla de surf y un bebé por delante de la obra del 'beach club' Valhalla, en El Palmar. JUAN CARLOS TORO

La llegada del primer hij@

La llegada de un hijo/a es un momento emocionante y transformador en la vida de cualquier pareja, pero también puede ser una fuente significativa de estrés. La expectativa de convertirse en padres a menudo se acompaña de una mezcla de alegría y ansiedad, ya que la vida tal como se conocía cambia drásticamente.

Uno de los principales factores de estrés es la incertidumbre de no saber cómo va a ser esa nueva vida, cómo nos vamos a ver en ese nuevo rol de padre o madre, cómo de bien vamos a ser capaces de desempeñar ese rol... Los futuros padres pueden sentirse abrumados por la cantidad de decisiones que deben tomar, desde la elección del nombre hasta la preparación de su casa para la llegada del bebé. Además, la preocupación por el bienestar del recién nacido y la presión que a menudo existe sobre ser "los padres perfectos y felices" pueden generar una carga emocional considerable.

¿Pueden ser los hijos un problema en la relación de pareja?

Tener un bebé supone cambios muy importantes. La pareja pasa de ser dos a ser tres, siendo el tercero un bebé dependiente al 100% de nosotros y demandante igualmente al 100% de nuestro tiempo. Un tiempo que, en gran parte, antes era compartido con esa misma pareja. Aunque suele ser un momento feliz, el nacimiento de un bebé supone un momento de crisis (no necesariamente negativa) y de cambios en el tipo de relación. La pareja se encuentra en una nueva realidad en la que tener que encontrarse de nuevo consigo mismos, con el otro como pareja, construirse como mamá o papá, negociar roles, nuevas tareas y responsabilidades, definir un estilo de crianza y, por qué no decirlo, lidiar en ocasiones con las propias familias de origen (abuelos). Las noches sin dormir, las demandas constantes del bebé y la falta de tiempo para la pareja pueden provocar tensiones y malentendidos.

Como digo, el cambio en la rutina diaria y la falta de tiempo personal pueden llevar a sentimientos de agotamiento y frustración. La necesidad de cuidar de un bebé puede hacer que los padres se sientan aislados y, a veces, incapaces de encontrar tiempo para sí mismos o para mantener las relaciones sociales.

Por tanto, el problema no son los hijos, sino el momento de crisis desencadenado ante la llegada del bebé. Cómo se gestione esa crisis y la estabilidad previa que tuviera la pareja es lo que va a condicionar el futuro de ésta.

En algunos casos debe tenerse en cuenta otro factor añadido: el estrés financiero. Éste es otro aspecto a considerar. Los gastos asociados con la crianza de un hijo, desde pañales hasta atención médica, pueden generar ansiedad sobre la estabilidad económica. Esto puede ser especialmente abrumador para los padres primerizos que aún están ajustándose a sus nuevas responsabilidades.

A pesar de estos desafíos, es importante recordar que el estrés que acompaña a la llegada del primer hijo es normal y común. Buscar apoyo, ya sea a través de familiares, amigos o grupos de padres, puede ser fundamental para navegar esta nueva etapa.

¿Hay alguna manera de llevarlo mejor?

Yo diría que una buena base va a ser siempre la empatía y la corresponsabilidad. Si todo el cuidado del bebé recae sobre uno de los progenitores, normalmente la madre, ésta acabará agotada física y emocionalmente. Así será difícil evitar una crisis. Por eso es importante hacer equipo, ayudarse mutuamente, respetar los nuevos tiempos y espacios de ambos. Repartirse las tareas es fundamental, alentarse, apreciarse y poder entender cuándo el otro necesita un momento y/o un tiempo para recuperar su equilibrio y su armonía. Para ello, la comunicación va a jugar un papel fundamental. Por eso es tan importante no descuidarse el uno al otro, ni emocional ni sexualmente hablando, respetando los nuevos ritmos.

También es fundamental intentar llegar a un consenso sobre el estilo de crianza, establecer una línea común de actuación y protegerse de las tensiones que puedan producirse ante las familias de origen.

La comunicación será clave, no solo con la pareja sino también con amigos de confianza, puesto que compartir nuestras experiencias y sentimientos nos puede aliviar la carga emocional.

Intentar mantener una rutina dentro de los posible también nos resultará útil. Tener horarios para las comidas, el sueño y las actividades puede proporcionarnos estructura y ayudarnos a reducir la ansiedad. Encontrar un ratito para uno mismo también será de ayuda. Aunque no sea mucho rato, dedicar tiempo a actividades que disfrutemos, ya sea leer, hacer ejercicio o simplemente relajarnos, nos ayudará a mantener el ritmo de la nueva vida como papás.

Es fundamental también ser flexible y tener paciencia. La llegada de un bebé es estresante, pero no dura eternamente. Es normal sentirse abrumado. La crianza es un proceso de aprendizaje, y está bien normal errores. Hay que aceptar que no todo va a salir como lo hemos planeado. La adaptabilidad es clave en la crianza.

Finalmente, si la maternidad / paternidad nos desborda, es importante pedir ayuda y buscar apoyo en familiares, amigos o especialistas que nos puedan orientar y ayudar. A veces, un poco de ayuda extra puede hacer una gran diferencia.

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