Hace alrededor de un año que la alcaldesa de Jerez, senadora y presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), María José García-Pelayo, vaticinó una profecía que va camino de cumplirse: el desmantelamiento progresivo del aeropuerto de Jerez es, contra todo pronóstico en una provincia que vive esencialmente del turismo, una dura y triste realidad. "Le están haciendo un sándwich entre el aeropuerto de Sevilla y el de Málaga y como no saquemos la cabeza, le van a pegar un bocado a ese sándwich", dijo en marzo de 2024. Meses más tarde, volvió a la metáfora del emparedado.
"El Gobierno de España quiere matar al aeropuerto de Jerez de inanición y aburrimiento", insistió en un mensaje muy contundente y que ha encontrado respuesta en la decisión, conocida este jueves, de que Ryanair abandona sus conexiones con La Parra.
Adiós a los vuelos a Palma, Barcelona y Londres. Si en 2009 incluso se habló de un ofrecimiento de Diputación de Cádiz para que la aerolínea irlandesa tuviera un centro logístico en el entorno aeroportuario de Jerez, quince años después Ryanair se marcha de la provincia gaditana lanzando andanadas a las "excesivas tasas" de Aena, el operador estatal de navegación aérea.
Iberia y Renfe, en servicios de hace una década
Y el problema es que no es solo Ryanair, es que Iberia suprimió el vuelo de primera hora a Madrid y no va a recuperarse. La aerolínea aseguró al Ayuntamiento de Jerez, en una reunión en otoño pasado, que solo aceptaría dinero público para tratar de llenar al 100% las conexiones actuales, pero ni flores sobre recuperar vuelos perdidos. El trasfondo es que las aerolíneas juegan con subvenciones públicas, a menudo abusivos, para "hacer rentables" las conexiones. Si no hay subvención, no hay vuelos.
En junio de 2022, la institución provincial anunciaba que destinaba 1,3 millones de euros a incentivar la llegada de turistas en invierno. La iniciativa quería fomentar la conectividad aérea del aeropuerto de Jerez con Alemania, Reino Unido, Francia y Canarias.
De hecho, este año hay acuerdos con Voletea y Binter para volar a Asturias y Canarias que cuestan casi 900.000 euros, y se estrenan nuevas conexiones, por ejemplo, con Reino Unido, pero solo una vez más por la férrea voluntad del Patronato de Turismo de la Diputación de Cádiz y Turismo Andaluz de la Junta de Andalucía de afrontar el altísimo coste que eso supone a cambio de atraer turistas a una de las provincias más castigadas por el desempleo.
En estos casos, siempre pierden los aeródromos medianos y pequeños, caso del de Jerez, que no remonta en sus datos anuales de viajeros por mucho que el turismo ya represente más del 20% del PIB provincial y los puntos turísticos gaditanos batan récord año tras año. De hecho, es una terminal con capacidad para 2 millones de viajeros y no hay forma de que supere el millón.
La pandemia fue la excusa perfecta para iniciar el desmantelamiento. Y no solo del aeropuerto. Lo de Renfe es otra cruz. Hace un año, en el marco de Fitur, Renfe anunciaba que devolvería a la provincia de Cádiz las conexiones con la capital de España que existían hace más de una década. Empobrecido hasta límites insospechados el transporte ferroviario con la Bahía de Cádiz-Jerez desde la pandemia, la empresa estatal mostró su predisposición a devolver parte de lo suprimido en estos años. Cuatro Alvia desde Cádiz a Madrid al día solo cuatro días a la semana. Ni rastro del AVE hasta Cádiz.
Solo más transbordos en Sevilla y más ofertas de operadores privados desde Santa Justa. Cádiz, en un limbo. Como el tercer carril de la autopista, que también es de Sevilla. Así no hay quien despegue.