Jerez aspira a ver las estrellas (y además, en silencio)

Dos normativas confluyen en el tiempo para hacer más fácil la vida a la ciudadanía: la del Ayuntamiento respecto al ruido y la de la Junta para que ciudades y pueblos bajen la iluminación nocturna

14 de febrero de 2025 a las 18:42h
Una terraza, una noche de verano en la plaza Plateros de Jerez.
Una terraza, una noche de verano en la plaza Plateros de Jerez. MANU GARCÍA
 

Las autoridades de todo tipo, municipales y autonómicas, se desvelan precisamente por el sueño de los ciudadanos cuyos destinos rigen. Con unos pocos días de diferencia, se ha dado a conocer que el gobierno municipal de la muy noble, muy leal y, a partir de ahora, muy silenciosa ciudad de Jerez de la Fra, prepara una ordenanza contra el ruido, y que la Junta de Andalucía (cuya nobleza y lealtad es apriorística, no es leyenda, caso de Jerez), a su vez, está a punto de sacar un decreto para luchar contra el exceso de contaminación lumínica para que los andaluces y sus millones de turistas puedan volver a ver las estrellas, por ahora las noches en que el cielo no esté encapotado, claro está, que todo se andará.

Vaya, que la vida en Jerez de la Fra va a ser lujo… de lujo, no, que ya lo era: va a ser lujosísima, para ser más exactos, un espectáculo. Una ciudad silenciosa y estrellada, podría ser el nuevo lema, si no fuera porque podría haber cierta guasa con el segundo adjetivo, hay que tener cuidado con esas cosas.

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Tenemos claro lo que tiene la Junta en la cabeza. Básicamente, se trata de fijar criterios para el uso racional de la iluminación exterior, limitando lo que se denomina ‘luz intrusa’, lo que se sustancia en la regulación (eufemismo político: léase reducción) de la intensidad lumínica por la noche. Tan es así, que la norma pone en revisión las iluminaciones navideñas, que habrá que ver cómo se sale de ese fregao sin tocar un ápice la tradición. Ni que decir tiene que esto tiene consecuencias directas para Jerez en su lucha por convertirse en un referente nacional (de hecho, ya lo es) en la Navidad: no podrá competir con Vigo con sus propias armas (con las de Vigo, queremos decir, su iluminación), así que tendrá que fiarlo todo a las Zambombas, el arma propia.

Pero hete aquí que Jerez va a contar dentro de unos meses –para tener mayoría absoluta las cosas van despacio en el Consistorio, por cierto– la normativa anti ruido que de la que se ha hablado en el primer párrafo de estas líneas, así que… Así que cabe suponer que la normativa municipal va a tener unas cuantas excepciones, porque ya no solo se trata de las Zambombas, sino de la Feria del Caballo, la fiesta por excelencia de Jerez, que tampoco es que sea precisamente silenciosa. ¿Cabe en cabeza humana venida al mundo en Jerez de la Fra que en las Zambombas no se canten a pleno pulmón las vicisitudes del marinerito Ramírez o que la música en las casetas del Real sea un homenaje al Unplugged de Nirvana? No, estimadas lectoras, queridos lectores, a este cronista le da la sensación de que vamos hacia un hito en el variopinto mundo de la legislación, y va a ser caso de estudio a nivel mundial: una ordenanza con más excepciones que propuestas. El teniente de alcaldesa Jaime Espinar se muestra voluntarioso en unas declaraciones oficiales en las que afirma que “el ruido tiene un gran impacto en la salud y el medio ambiente y genera costes sociales asociados. El Ayuntamiento dispondrá ahora de una herramienta más ágil para velar por la calidad acústica y la calidad de vida de los ciudadanos”. Tras estas palabras de Espinar, loables, sin duda, hay que dar el beneficio de la duda. El problema es que tiene poco ángulo. Tiene una ciudad llena de terrazas, con el personal con poca gana de volver al interior de los bares y, además, con unos hábitos en cuanto a horarios, usos y costumbres (antes estaba claro qué era un bar de copas, musical o como se quiera llamar, y las medidas que lo acompañaban, hoy…) que han dinamitado buenas prácticas puestas en marcha en los 90 (doble puerta, no sacar bebidas a la calle, etc).

Pero bueno, no es sección para ponerse serios. Dejemos trabajar al señor Espinar y terminemos pidiendo al Ayuntamiento de ‘la muy noble y muy leal’ que, ya puesto a regular, regule el frío que hace en los bares en Jerez, que parecen Burgos o Palencia (la calle de estas ciudades, no los bares, en los que se está bien calentito) ¡Pero hombre, si con que se cierre la puerta y no haya corriente dentro del local puede que sea suficiente: ahí tienen, una ordenanza municipal solo con dos puntos, otro hito para Jerez!

Coda. me dicen desde el gremio que, en el último párrafo se puede sustituir 'bares' por 'colegios' e 'institutos', pero deben ser habladurías: como todos sabemos, en Jerez nunca hace frío, que llevar bufanda en clase es una elección como otra cualquiera...

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