Ir al contenido
Jawaharlal Nehru.
Jawaharlal Nehru.

Jawaharlal Nehru fue un pandit. Así es como se conoce a los eruditos en cualquier campo del hinduismo. Fue la primera persona en ocupar el cargo de primer ministro de la India, desde la independencia del país en 1947 hasta su muerte veinte años después. Y fue también el sucesor de un tal Mahatma Gandhi. Pese a su natural herencia pacifista, no permaneció ajeno al clima de su tiempo y a las luchas que le fue necesario librar contra el yugo colonial británico. Digamos que aportó el realismo poco mágico con el que el ala moderada del socialismo suele impregnar todo lo que toca. Aunque aquellos eran otros tiempos, hoy esa suerte de dicotomía en la que habitan la izquierda y el PSOE sobre defensa o rearme devuelve a la actualidad las palabras de Nehru: «No hubo mayor príncipe de la paz y apóstol de la no violencia que Mahatma Gandhi, pero, sin embargo, dijo que era mejor tomar la espada a rendirse, fallar o huir. No podemos vivir sin preocupaciones asumiendo que estamos a salvo. La naturaleza humana es tal». Las pronunció ante la recién creada Academia de Defensa Nacional India en 1949.

Apenas unos años después de este discurso, en 1955, ve la luz el libro Nehru: Autobiografia, la primera obra que publicó una editorial que acababa de nacer en Milán: una tal Feltrinelli. Si han visitado alguna vez capitales italianas no habrán podido dejar de toparse con una de las muchas librerías de la franquicia, que continúa hoy con el negocio editorial. El fundador de la empresa fue Giangiacomo Feltrinelli, político comunista, además de magnate, nacido en el seno de una de las familias más ricas de Italia. Una de esas rocambolescas joyas del oxímoron que solo l'Italia sabe alumbrar así. El caso es que estrenarse en lo literario con la autobiografía del sucesor de Gandhi parecía una extravagante y afortunada declaración de intenciones. Poco después, Feltrinelli Editore también dio otro buen golpe, al ser la primera en publicar El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Una de las grandes novelas del siglo, crítica con la parasitaria nobleza siciliana de la etapa del Risorgimento. Teniendo en cuenta la alta y mullida cuna de don Giangiacomo, es llamativa de nuevo la elección. Pero eran otros tiempos.

Mucho después de aquellos primeros y lustrosos pasos, Feltrinelli ―ya como boyante grupo empresarial― desembarcó en España para hacerse en 2010 con la editorial Anagrama. Uno de los pocos resquicios del negocio literario de altos vuelos que no es hoy propiedad de la todopoderosa Planeta o de la gigantesca Penguin Random House, pero que hace década y media perdió su independencia. Hoy pensaba en ello, y también en las librerías de best sellers italianas, y en Lampedusa, y en las palabras de Nehru. Hoy, que acabamos de saber que Anagrama retira sine diede los anaqueles el libro que jamás debió colocar en ellos. Ni financiar. Ni tolerar. «No podemos vivir sin preocupaciones asumiendo que estamos a salvo. La naturaleza humana es tal». No la de aquellos que nunca debieron nacer, ni engendrar, ni matar, ni tener voz; esa no es humana y no merece privilegio humano. La naturaleza humana sí es ―también es― la de hacer negocio con el dolor ajeno más lacerante. Frente a esa podemos fallar, pero nunca huir sin luchar.

Lo más leído