Nunca hubo palabras

Nunca hubo palabras suficientes, por eso tomo prestadas las suyas a los poetas de verdad

Antonia Nogales

Periodista & docente. Enseño en Universidad de Zaragoza. Doctora por la Universidad de Sevilla. Presido Laboratorio de Estudios en Comunicación de la Universidad de Sevilla. Investigo en Grupo de Investigación en Comunicación e Información Digital de la Universidad de Zaragoza.

Una madre y su hija.
Una madre y su hija.

Ana fue el nombre escogido por las tradiciones cristiana e islámica para la madre de la virgen María. Dado que los Evangelios no mencionan a Ana ni a su esposo Joaquín, se los conoce por tradiciones que datan de la primera mitad del siglo ll. Desde entonces el nombre de Ana se asocia con el de la abuela de Jesucristo. Hoy celebramos la onomástica de todas aquellas mujeres que se llaman como ella.  

Para mí, esas tres letras lo encierran todo. Abnegación absoluta, paciencia sin límites, amor con mayúsculas. Porque eres más clara, eres más tierna, eres más suave, como rezan los versos de Miguel Hernández. Porque no pides nada y te das entera, porque enseñas hasta sin proponértelo y encierras tanto. Porque no hay palabras suficientes, nunca las hubo.

Nunca hubo sonrisa más hermosa, capaz de inundar por entero una habitación. Nunca hubo un oído más dispuesto a escuchar, ni una entrega mayor. 

Siento que mereces un camino más fácil. O al menos que sea sencillo por un ratito. Me gustaría regalarte la paz que te has ganado a pulso, que debió inventarse para ti. La serenidad de la que nunca disfrutas pero que siempre proyectas. Me gustaría devolvértelo a él por una tarde, para que volviera a escucharte darle el son a "Vino amargo". 

Todo cabe en tu palíndromo perfecto, como si alguien hubiese trazado contigo un círculo radiante de infinita sabiduría. Siempre sabes lo que de verdad importa y siempre estás dispuesta a aprender y aprender más. 

Hay cosas que siempre juzgué imposibles. Nunca creí poder ver el amor hasta que tú me enseñaste cómo era. Nunca pensé que mi casa sería el olor de otro ser humano. Nunca miré el miedo a la cara hasta que pensé en no tenerte. Nunca una voz fue tanto y lo fue cada noche. 

"Sin importarte las distancias / sin pensar en el tiempo / Oh sangre mía / es inútil tu ausencia / puesto que estás en mis adentros / puesto que eres la esencia de mi vida". Poema Madre de Vicente Huidobro. 

Nunca hubo palabras suficientes, por eso tomo prestadas las suyas a los poetas de verdad, porque jamás encontraré la forma de hacerte saber lo que eres, de manejarme entre toda esta amalgama de emociones hechas luz. Luz que es visible al alma y a los ojos, porque he visto el amor gracias a ti. Ahora sé a qué huele y cómo anda. Sigue haciendo que sonría a mi lado mientras fracaso en encontrar la manera de hacerte justicia juntando letras. Nunca las hubo. 

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