Resiliendo: cinco consonantes y cinco vocales. Paridad ortográfica. Anatomía del desastre o que el planteamiento preliminar ya genere dudas. ¿Es resiliendo una forma verbal correcta? El dilema me condujo a la necesidad de consulta a todo un académico de la lengua y reputado escritor. La explicación ―pese a lo eficaz― arrojó mucho más dudas que las iniciales. Ambigüedad y la conclusión de que el término forma parte del glosario de ángulos muertos de nuestra lengua.
No me negarán que tiene su gracia que, en la era digital y de los influencers, en la que hemos adoptado como propios multitud de anglicismos y mutaciones del lenguaje, uno tenga que recurrir a la sala VAR para ver si la palabreja ha entrado o no.
¿La solución?, cursiva para revestir el latinismo y patadón y a seguir.
Al hilo de los efectos de una palabra tan en boga como resiliencia, no he podido evitar emparejarlo con una noticia de reciente alcance que se viralizó en diversos medios y que ha ocupado portadas en los últimos días: el hilarante desplome del pobre robot en la feria tecnológica ISE2025 de Barcelona a manos de la compañera Beatriz Sobrino.
Qué quieren que les diga, a mí la caída de bruces del pobre robot me causó una ternura inmensa a la par que me condujo a la obligada reflexión de si ese androide ―con sus entrañas de metal, cableado, chips y complejos algoritmos― tiene mucho más de persona que de robot. ¿Estamos ante el increíble caso del humanoide más humano que existe?
La simple analogía con cualquier ciudadano de a pie, además de obligada, es algo que va más allá de la pura coincidencia.
Piénsenlo por un momento, si ese autómata en vez de llamarse Unitree G1 ―que es el nombre con el que fue bautizado el cacharro― se llamara Pepe o Inés, no pasaría absolutamente nada.
Solo basta con pensar en todo aquello que en el día a día nos hace perder la verticalidad hasta morder el polvo: el insostenible incremento de la inflación frente a unos sueldos raquíticos, el inmoral abuso de las eléctricas o el abismal ticket de la compra. Que por cierto, qué equivocado estaba uno cuando pensaba que eso de la inflación no era más que el daño colateral que sufría el estómago cada vez que te apretabas un plato de menudo… ¡Bendita ingenuidad!
Pero volviendo a lo importante, no me dirán que tal y como pinta el asunto y con la que está cayendo, no es de extrañar en absoluto que el desdichado Unitree G1 bese la lona ante la hostilidad que nos rodea. De hecho, yo haría lo mismo; argumentos haylos.
Antes de finalizar, cabe mención honorífica a aquellos guerreros y guerreras con nombres y apellidos, que son espejo y ejemplo de la lucha ante la adversidad y que hoy, 10 de marzo, celebran el día mundial del riñón. Tengan por seguro que nunca van a caer por duros que sean los empellones. Héroes dializados, gente de otra pasta… ¡Cuánto nos queda por aprender de ellos!