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'Gato entre gallos' (1710), de Jakob Bogdani.
'Gato entre gallos' (1710), de Jakob Bogdani.

Si la mitad del tiempo que empleamos en demostrar lo que sabemos lo dedicáramos a aprender, otro gallo cantaría. Si la mitad del tiempo que empleamos en describir el mundo lo dedicáramos a observarlo, otro gallo cantaría. Si la mitad del tiempo que empleamos en tener un cuerpo diez lo dedicáramos a tener una mente diez, otro gallo cantaría. Si la mitad del tiempo que empleamos en buscar la persona que resolverá nuestros problemas lo dedicáramos a buscarnos, otro gallo cantaría.

Si la mitad del tiempo que empleamos en enfadarnos por ser feos lo dedicáramos a evitar esa fea mueca de enfado, otro gallo cantaría. Si la mitad del tiempo que empleamos en quejarnos por estar solos lo dedicáramos a hablar de temas que interesaran a alguien, otro gallo cantaría. Si la mitad del tiempo que empleamos en buscar compañía lo dedicáramos a ser dignos de nuestra compañía, otro gallo cantaría. Si la mitad del tiempo que empleamos en mirar cómo los otros se arriesgan y la pifian lo dedicáramos a pensar que alguien podría estar observándonos, otro gallo cantaría. Si la mitad del tiempo que empleamos en defender nuestras ideas lo dedicáramos a idear nuestras defensas, otro gallo cantaría.

Si la mitad del tiempo que empleamos en envidiar a quien tiene mucho lo dedicáramos a envidiar a quien tiene poco o nada, otro gallo cantaría. Si la mitad del tiempo que empleamos en buscar la fiesta y el baile lo dedicáramos a ser una fiesta silenciosa, otro gallo cantaría. Si la mitad del tiempo que empleamos en romper los juicios ajenos lo dedicáramos a juzgar nuestras roturas, otro gallo cantaría. Si la mitad del tiempo que empleamos en criticar lo que no nos gusta de los otros lo dedicáramos a investigar lo que no nos gusta de nosotros mismos... veríamos cantar al mismo gallo.