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La tormenta y lo bailao

Cuando años más tarde dio su salto a la carrera política notoria ―aunque desde 2007 era ya concejal en un pueblo de Alicante―, comenzamos a dudar entre si era un cantante de orquesta metido a político o un político orquestado dando el cante

28 de febrero de 2025 a las 08:03h
Carlos Mazón, en una visita el pasado lunes a una zona afectada por la DANA.
Carlos Mazón, en una visita el pasado lunes a una zona afectada por la DANA.

En el año 2011, Lucía Pérez cumplió un sueño. Esta joven cantante de nombre nada memorable, oriunda de un pequeño pueblecito de Lugo, acudió hasta Düsseldorf para representar a España en el Festival de Eurovisión. Quedó en un delicado puesto veintitrés con cincuenta puntos, pero se lo pasó muy bien. Era una veinteañera pizpireta y, no en vano, su canción se titulaba Que me quiten lo bailao, como si quisiera anticiparse a la falta de votos y apoyo del público al albor de lo mucho que iba a gozar sobre el escenario alemán. «Ahora que me quiten, que me quiten lo bailao» repetía como estribillo constante el tema musical de la Pérez para Europa. No es que nos lo entendieran mucho los croatas y los lituanos, pero se hizo lo que se pudo. 

Como suele ocurrir en este tipo de eventos, nunca llueve a gusto de todos. Y como además se nos suele dar bastante mal la fanfarria eurovisiva, no faltan quienes alzan la voz reivindicando a otros candidatos con los que, en la indulgencia complaciente del condicional, habríamos alcanzado un mejor puesto. Esto es lo que abre debate cada año en torno a los que no consiguen el billete al certamen. En 2011, fueron una veintena de solistas y grupos los que lograron llegar a la preselección televisiva, pero eran muchos más los que habían pasado el primer filtro. Entre ellos, estaba un cuarteto valenciano de nombre Marengo, integrado por Carlos Robles, Carlos Mansa, Jorge Orts y Carlos Mazón. El nombre de este último les sonará hoy, aunque nada entonces. 

Mazón se presentó con su grupo para concurrir al certamen musical con el tema Y solo tú, interpretado originalmente por Bacchelli en el concurso de 1981. Cuando años más tarde dio su salto a la carrera política notoria ―aunque desde 2007 era ya concejal en un pueblo de Alicante―, comenzamos a dudar entre si era un cantante de orquesta metido a político o un político orquestado dando el cante. Hoy seguimos con dudas: no sabemos si gana la inutilidad o la indecencia. 

«Me pellizco cada día, pienso qué suerte la mía / no estoy soñando, es realidad / vivo como en una nube, tengo lo que nunca tuve» cantaba Lucía Pérez. Ella, que derrotó a Sonia y Selena, al grupo adolescente Auryn y, sobre todo, al cuarteto Marengo, paseaba por la fantasía. Lo más curioso del caso es que, a toro pasado, la ganadora del concurso para representar a España en Eurovisión en 2011 se presentó con una canción que hoy nos habla de su contrincante en la terna musical: «Sin miedo a lo que ha de venir / no me curaré en salud, ni me cargaré una cruz»; «Me siento tan bien, me siento tan bien / que no no no no no lo voy estropear / pensando en negativo más»; «Si bien sé que han de venir tormentas y me caeré / pero a fin de cuentas he disfrutao de todo lo bailao». La tormenta y lo bailao podría ser el título de la biografía de Mazón.

Debería escribirla Lucía Pérez o, al menos, componerle otra canción. La inspiración quizás pueda encontrarla en un remake de Rata de dos patas de Paquita La Del Barrio, en Ese hombre, necio, estúpido, engreído y falso que cantaba la Jurado, o en Madre mía el asco que me das de Ladilla Rusa. Mi voto para Eurovisión 2026 lo tiene en el bolsillo.

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