Una treintena de años en la gestión cofrade
Transmite la templanza de quien ha vivido mucho y lo ha entregado todo a la causa cofrade. Fue una figura clave en el Consejo en los cuatro años que estuvo como presidente, más otros cuatro como vicepresidente bajo el mandato del recordado Lete, etapas cruciales para laSemana Santa deJerez.
En su hermandad, Fernando Fernández-Gao fue once años mayordomo del Cristo y ocho el hermano mayor. En definitiva, casi una treintena de años asumiendo responsabilidad en la gestión de su cofradía de siempre, más un mandato como miembro de la junta de gobierno de su otra hermandad y devoción, el Santo Crucifijo de la Salud.
Este recorrido ha merecido el reconocimiento público al recibir el premio ‘Gota a Gota’ que concede anualmente la Fundación Cajasol a un destacado cofrade local cuya trayectoria haya sido más que sobresaliente en cualquier de los muchos aspectos que tiene el mundo cofrade. Aún permanece en el recuerdo esa imagen de Fernández-Gao asomado a la actual sede de la Unión de Hermandades, al balcón, enseñando las llaves que acababa de recibir de ese edificio cuando se las entregó el alcalde Pedro Pacheco.
Hoy su papel es discreto, casi de retiro, pero sigue siendo referente para quienes valoran la historia, el trabajo callado y el respeto por los que han engrandecido el mundo cofrade local. Fernando Fernández-Gao, a sus 78 años de edad, repasa los logros, los retos y también las emociones que marcaron su trayectoria. Fue un cofrade bueno, un presidente amable que siempre promovió la convivencia y la amistad ante los desafíos, los sinsabores y los accidentes que le fueron surgiendo por el camino.
La Magna de 2000, la Medalla de Oro de la ciudad a la Unión de Hermandades, el congreso cofrade de 2005, la ruptura del esquema que tuvo desde casi siempre la Carrera Oficial… hechos que ya con la distancia del tiempo las analiza sin apasionamientos, del mismo modo que evalúa el momento actual y el crecimiento del número de cofradías.
Respuesta. Hombre, para mí ha sido una sorpresa, la verdad. Considero que es un reconocimiento a una labor muy dilatada por las hermandades, principalmente por mi hermandad y después por el conjunto de todas ellas. Inmerecido totalmente, pero bueno, agradecido de todo corazón.
P. ¿Cuáles son los recuerdos que guarda con más cariño de su etapa como presidente del Consejo?
R. Dos momentos sobresalen especialmente. Por un lado, cuando recogimos la Medalla de Oro de la ciudad que otorgó el alcalde Pedro Pacheco a la Unión de Hermandades en nombre de todas las cofradías de Jerez. Fue un gran orgullo. Esa medalla está hoy en un lugar destacado de nuestra sede. El otro gran hito fue el Encuentro Nacional de Hermandades y Cofradías que se celebró en Jerez en 2005. Supuso un trabajo intenso, con muchísimas reuniones, primero para lograr que se celebrara aquí y luego para su organización. Fue un éxito rotundo. El 5 de octubre salieron ocho pasos extraordinarios que marcaron la ciudad.

P. También vivió muy de cerca la procesión Magna de 2000, en una etapa previa dentro del Consejo.
R. Sí, entonces era vicepresidente, con Lete, que era el presidente. Aquella procesión Magna fue algo espectacular. Participaron todos los pasos de misterio, fue un acontecimiento imponente que quedó en la memoria de la ciudad. Muy importante.
“La Medalla de Oro de la ciudad fue uno de los mayores orgullos que viví como presidente del Consejo”
P. ¿Qué recuerdos personales le deja esa época?
R. Sobre todo, la amistad con Lete. Fue una bellísima persona, extraordinaria, muy querido por todos. Guardo recuerdos entrañables de aquellos buenos momentos. El trabajo del Consejo en aquella procesión Magna fue enorme, y me incluyo, aunque modestamente. Pero se hizo con dedicación absoluta.
P. Convencer al obispo Rafael Bellido Caro no debió de ser fácil.
R. No, en absoluto. Fue una verdadera odisea. Al principio se mostró reticente, aunque finalmente aceptó. Eso sí, en un primer momento puso una condición: que solo saliera un crucificado. El problema era que ya habíamos avisado a todas las hermandades. Fuimos Lete, Eduardo Velo —que era el secretario— y yo a su despacho en la calle Eguiluz a intentar reconducir la situación. Le propusimos editar un librito con todos los pasajes de los misterios de la Pasión del Señor. Le gustó la idea y accedió a que participaran todos los crucificados. Fue un trabajo tremendo.

P. Y todo ello con la amenaza de la lluvia planeando sobre la jornada.
R. Estuvimos pendientes del cielo durante dos horas. La procesión se retrasó primero una hora, y luego otra más, según los partes meteorológicos. Finalmente, todo salió bien, como si alguien hubiera detenido la lluvia justo cuando debía.
“El obispo Bellido no quería que salieran todos los crucificados en la Magna de 2000; convencerlo fue una odisea”
P. Su vinculación con la Hermandad del Cristo tiene raíces muy profundas.
R. Sí, mi familia ha estado siempre muy unida a esa hermandad. Mi abuelo fue un gran hermano mayor a principios del siglo pasado, y después también lo fueron algunos tíos y mis padres. Luego me tocó a mí seguir luchando por ella. Además, soy hermano del Santo Crucifijo. Tuve el honor de pertenecer a una junta de gobierno allí. Mi devoción por el Santo Crucifijo y la Virgen de la Encarnación es enorme. Pero por tradición y por historia personal, la Hermandad del Cristo tiene un lugar especial para mí.
P. ¿Cómo percibe el movimiento cofrade de la ciudad en la actualidad?
R. Lo veo en efervescencia. Están surgiendo muchas hermandades nuevas, lo cual me parece positivo, especialmente por las zonas donde están ubicadas. Están llamadas a desarrollar una gran labor pastoral. También es admirable la ilusión con la que están embelleciendo sus cofradías para contribuir a la grandeza de la Semana Santa de Jerez.
P. ¿Cree que hay un cierto exceso en esa expansión?
R. Durante mi presidencia había 38 hermandades. Hoy son 46. Ocho más en poco tiempo. Puede que sea un crecimiento algo acelerado. Algunas de estas nuevas hermandades están captando hermanos de las tradicionales, lo que está afectando a su censo. Hasta aquí creo que la situación es manejable, pero conviene observarla con atención.

P. ¿Sigue vinculado a su hermandad actualmente?
R. Sí, aunque ya no con la frecuencia de antes. El hermano mayor, Jesús Rodríguez Gómez, me nombró asesor y estoy ahí para lo que necesiten. Me consultan y estoy siempre a disposición.
“La fábrica de botellas fue parte de mi vida. Su cierre en 2008 fue un golpe fuerte”
P. ¿Volvería a aceptar un cargo de responsabilidad cofrade si se lo propusieran?
R. No. Como dice mi amigo Paco Garrido, ya estoy en los cuarteles de invierno. Mi tiempo pasó. Después de tantos años, uno va por la hermandad y ya hay mucha gente joven que ni te conoce. Es natural. He estado ocho años en el Consejo y la vida sigue. Considero que ya hice mi parte.
P. Buena parte de su vida profesional transcurrió en la antigua fábrica de botellas de Jerez.
R. Estuve 35 años allí. El cierre en 2008 fue un golpe muy duro. Fue un día triste. Era una empresa excelente que, por distintas razones, desapareció. Y no solo afectó a los trabajadores directos, sino a muchas empresas auxiliares que dependían de ella. Fue un mazazo laboral para muchas personas.
P. ¿Cómo ve la ciudad hoy en día?
R. La veo evolucionando de forma positiva. Queda mucho por mejorar, claro, pero se avanza poco a poco. Jerez es ya una gran ciudad. Y creo que con María José García-Pelayo como alcaldesa, la ciudad va bien. Está progresando adecuadamente.