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Imagen de una casa abandonada. Esto no es un juego.
Imagen de una casa abandonada. Esto no es un juego.

No sé si será por mi condición de empleado de tours paranormales, o porque he ingresado en múltiples grupos del misterio, pero me he dado cuenta del enorme circo que hay alrededor del mundo oculto.

Cuando estoy pasando códigos QR para iniciar alguna ruta, me suelo encontrar con comentarios jocosos sobre el tema, o si esto de "los muertos" da mucho miedo. Creo que la mayoría no sabe ni donde se está metiendo, ya que me preguntan qué edificios vamos a visitar cuando en la página web se indica que no entramos en ningún lugar.

Me encanta el misterio, e iniciar a la gente es reconfortante porque vas viendo las nuevas tandas de jóvenes que podrán relevar el testigo el día de mañana. Sin embargo, hay muchos que piensan que ir a investigar es como capturar un pokémon; llegas al sitio, encuentras fantasmas y los capturas para que te hagan múltiples psicofonías y vídeos.

Desde mi humilde punto de vista, ir a investigar es más parecido a pescar. Llegas al sitio, colocas tus aparatos y esperas a que suene la flauta. Habrá noches que te vayas a casa con las grabadoras llenas de respuestas, y otras que te irás de vacío. Asimismo, las investigaciones pueden hacerse largas y aburridas porque "no ocurre nada". ¿Y qué debería ocurrir?

El imaginario colectivo nos dibuja unas investigaciones espectaculares. Llegas a una casa encantada donde la puerta se abre sola con un crujir particular, un aire frío te abofetea en la cara y escuchas de fondo una risa tenebrosa. Al entrar en el recibidor crees ver a lo lejos una silueta atravesar el pasillo y te asustas. Escuchas unos golpes en la planta superior, decides ascender por las escaleras que se estremecen al pisarlas. Al subir, hay una puerta al fondo que esconde un resplandor verdoso que ilumina el interior, y cuando te atreves a acceder, una misteriosa monja te ataca.

Por regla general, llegas a un lugar abandonado en medio del campo, donde los hierbajos y el tiempo han derrumbado la estructura. Te recibirá el olor a basura que deja la gente y muchos insectos. Pasarás horas en silencio haciendo pruebas y, con suerte, no aparecerá nadie para echarte de allí o para estropear tus indagaciones.

Que seas capaz de ver algo, o de sentirlo, es raro. Por desgracia, las redes sociales han supuesto una competencia entre los diferentes investigadores paranormales para ver quién es el más grande al aportar la prueba paranormal definitiva. Esto ha provocado que las falsificaciones se hagan virales y los espectadores crean que son hechos fehacientes.

Este afán de protagonismo ha llevado a muchos aspirantes a corromperse y a dedicarse a fingir. Vídeos donde aparecen con tremenda facilidad varios espíritus, puertas que se abren solas, golpes repentinos, objetos que levitan... Patrañas para ganar visitas mientras dejan a los profesionales por los suelos.

Llegamos a lo absurdo, investigadores que niegan las leyes de la física y piensan que todo es una respuesta del otro lado. Ven rostros donde no los hay, objetos que no pesan son movidos por fantasmas invisibles, o aparatos que pitan cuando se aproximan a un móvil que no tiene activado el modo avión. Pero oye, qué buenas visitas van a tener los vídeos mientras la mayoría aplaude. Con esto no quiero tirar por tierra los sueños de los que están empezando, ni enfadar a ningún compañero. Solo pido seriedad.

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Antonio S. Jiménez

Antonio S. Jiménez

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