Recuerdo con cierta nostalgia mi primera vez... en el mundo del misterio. Esa primera vez que me negué a usar mi móvil para grabar psicofonías por miedo a que se me pegara un fantasma y no fuera a ser que me escribiera un WhatsApp. La verdad, no sé qué me pasaba por la cabeza.
En esos instantes mezclas mucha fantasía hollywoodense con la pura, y estricta, realidad. Imagino que voy al sitio, y de una esquina aparecerá el fantasma de una monja malvada que me agarrará y me arrastrará a los avernos. Pero luego, ni espíritu, de religiosa, ni leches.
Cuando llegas al lugar abandonado lo preocupante es que te aparezca un grupo de yonquis pidiéndote la cartera de muy malas maneras. Que he tenido suerte, lo máximo que me ha aparecido a mí es un vigilante de seguridad con su linterna y yo escondido a lo James Bond.
Pero esa primera vez intentando hacer las primeras psicofonías, ¿quién lo puede olvidar? Pensar que en cada silencio se escucharía en la grabación un monólogo del más allá... Y no, la nada absoluta. Bueno, para no mentir, capté palabras sueltas de muy mala calidad; recalcando otra vez que llevaba uno de esos móviles que siempre guardamos en un cajón por si el principal se estropea.
Además, esa sensación de andar un poco perdido. ¿Qué es lo que se suele hacer? En las películas en cinco minutos ya te ha atacado el fantasma y uno del grupo ha muerto. Aquí dimos la primera vuelta de reconocimiento... ¿Y ahora qué?
Recuerdo que miraba a la persona que me estaba enseñando ese mundo porque no tenía ni pajolera idea de qué hacíamos los dos dando un paseo por esos lares en silencio. ¿A qué esperábamos exactamente? Hoy desde la distancia de la experiencia, ya lo entiendo.
Si me movía un poco durante las sesiones de psicofonías me llamaba la atención; ¿pero cómo se va a escuchar una pisada tan suave? Pues sí que se escucha. Nada de fumar mientras se estaba grabando un vídeo porque ensuciaba las pruebas; ¡qué exagerado! No lo era. Asegurate muchas veces que el sensor de movimiento no ha empezado a sonar por un animal, cuando yo me encontraba alegre diciendo que por fin habíamos captado algo... Y luego resultaba ser un roedor.
Son cosas a las que vas acostumbrándote, pero que luego te irán llevando a situaciones nuevas, a experimentar diferentes técnicas, o con distintos aparatos. Por ejemplo, la primera vez que me quedé solo, a oscuras, fue una sensación terrorífica... Pero que volvería a repetir.
Los que realmente amamos este submundo disfrutamos con el aprendizaje y su puesta en práctica. Algunos estudian los libros de los grandes investigadores, asisten a conferencias, o cursos, para ser más profesionales. Nunca hay que rendirse, aunque la primera vez fuera un desastre.