En la columna de la semana pasada hablé de la falta de seriedad en las investigaciones paranormales, donde ir a un sitio a buscar fantasmas se transforma en una partida al Tula. Por desgracia, los despropósitos no se quedan ahí.
Está de moda subir trabajos de campo a las redes sociales como verdaderas exploraciones paranormales. Sin embargo, muchos desconocen; o no quieren conocer; que estos vídeos solo reflejan una parte del proceso.
Recordemos que una investigación conlleva un estudio previo del lugar. Debemos saber cuándo se construyó la estructura, sus funciones, quién la habitó, para qué y por qué se abandonó. Esta parte se puede realizar en los archivos históricos de la localidad donde transcurren los hechos, o entrevistando a personas implicadas.
Luego habría que hacer lo propio con la leyenda urbana. Saber cuándo empezaron a ocurrir los hechos, qué ocurre realmente, por qué suceden y qué lo originó. Esto es lo más complejo, ya que las fuentes en este punto suelen ser orales. Hay que buscar testigos de lo oculto para que confirmen lo que se dice por Internet.
Habiendo realizado los dos pasos anteriores; ahora sí; comienza el trabajo de campo. Visitar el lugar de día, asegurar los puntos más peligrosos para evitarlos de noche, trabajar con sensitivos para saber en qué zonas hay que hacer más hincapié y tomar imágenes. Posteriormente en la noche, evitando así cualquier contaminación auditiva, hacer las pruebas pertinentes.
El cuarto paso es donde se suelen quedar muchos investigadores del misterio. Se analizan las pruebas y se presume de la experiencia vivida al mostrar los resultados en los distintos perfiles sociales. ¿Y para qué ha servido todo esto? Sin un estudio previo, y sin insistir más, tan solo quedan los “likes” y los comentarios de los “admiradores”.
Por regla general, hay que seguir insistiendo para aclarar que lo que se consiguió en una noche sea algo recurrente. Descartar posibles pruebas falsas, o entidades errantes. Demostrar que los fenómenos paranormales son los que son, y no algo fortuito para llenar el ego.
Tras varios intentos, se termina una investigación rellenando un informe con todos los datos obtenidos a nivel histórico, social y paranormal. No obstante, muy pocos son los que llegan a este punto. Aquí entono también el mea culpa, ya que hasta hace relativamente poco desconocía este último punto.
¿Y qué es lo que queda al final de nuestro pequeño mundo oscuro? Una gran panda de “youtubers”, “influencers” y “tiktokers” que buscan la atención a través de sus múltiples medios por una noche intensa en una zona que no suele ir nadie. ¿Y si no ocurriera nada? Pues se inventan las pruebas para que las interacciones sigan subiendo.
Me encantan este tipo de personas que se desviven en hacer cabeceras espectaculares para sus vídeos, en vender sus logotipos con esmero, pero que a la hora de demostrar la existencia del más allá lo resumen en unas horas en una casa abandonada.
¿Este contenido sirve para demostrar algo? Sí. Demuestra que vivimos en la era del contenido rápido, intenso y olvidable. Pero de la existencia de espíritus “Nino”... Ni noticias.